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Observar las ballenas entre el océano y las montañas

Para disfrutar de la belleza de Big Sur no hace falta mucho dinero, pero tienes que tomarte tu tiempo para apreciar los paisajes y el apacible ritmo de vida al lado del océano.

Al norte de Big Sur: Point Lobos y sus playas

Después de haber estado en Carmel, bonita ciudad para millonarios, puedes hacer una primera parada en la reserva de Point Lobos. Hay que pagar una módica entrada al parque, donde puedes pasear por acantilados y bosques; todo ello con magníficas vistas a la Bahía de Monterey, refugio natural de ballenas.

En ambos lados de Point Lobos se puede acceder a playas desde el camino, algunas de pago y otras no. Nuestra paciencia se verá recompensada cuando descubramos las playas secretas de la costa rocosa, una vez en el Big sur.

Big Sur y el Julia Pfeiffer Burns State Park

Siguiendo el camino llegamos a Big Sur y al parque de Julia Pfeiffer Burns, donde podemos ver un bosque de sequoias gigantes. El parque continúa a lo largo de la costa y da acceso a las cascadas McWay, en el lado derecho. La entrada es de pago sólo si aparcas en el parking. Además de poder admirar la playa bajo el salto de agua, podrás seguramente ver algunas ballenas que se refugian en esta cala a lo largo del año. 

McWay Cove

Para descansar y hacer un paréntesis cultural, pásate por la biblioteca Henry Miller que celebra la obra del gran escritor, quien eligió Big Sur para retirarse en soledad durante varios años.

Big Sur más allá de las rutas comunes

Una vez pasada la ciudad de Big Sur y los parques, la aventura no se acaba, y tampoco los paisajes grandiosos. Si te quedas varios días puedes reservar sitio en un camping, pero para ir un poco por libre puedes torcer por Nacimiento Road justo, al sur de Santa Lucía, donde cada rincón ofrece un perfecto "spot" de camping en la naturaleza salvaje, para dormir y despertarse de cara al Océano Pacífico en el medio de las montañas.

Finalmente, siguiendo la ruta hacia el sur, los muchos coches aparcados al borde de la carretera nos indicarán los caminos hacia los acantilados, para descubrir una de las playas escondidas de Big Sur. Su belleza justifica el esfuerzo de llegar hasta ahí.

Claire Perrin
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Actualizado el 14 agosto 2015