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Cortesía, costumbres y actitud

Madagascar ​​es una isla que vence a la indiferencia y atrapa al viajero con su singular personalidad. Isla de contrastes, se necesita tiempo para adaptarse a su ritmo y sus tradiciones. Exuberante y misterioso, a contracorriente de nuestras creencias, este país lleno de autenticidad merece toda nuestra atención y da todo a quienes lo visitan. 

Los fadys: los tabúes asociados a las etnias malgaches

En un país marcado por las creencias ancestrales y el culto a los antepasados ​, las prohibiciones puede parecer numerosas y varíar de una tribu malgache a otra. Algunos comportamientos o el consumo de ciertos alimentos se perciben como una falta de respeto, incluso aunque, probablemente, los malgaches no te llamen la atención. Asegúrate de preguntar a tu guía o a una autoridad del pueblo, tan pronto como te acerques a los lugares de culto.

En la costa este, por ejemplo, bañarse con ropa de color rojo está visto como un llamamiento a los tiburones. En otros lugares, señalar con el dedo un lugar sagrado se considera una falta de respeto por las almas de los antepasados.

En cualquier caso, haz algunas preguntas a los malgaches sobre las costumbres locales

El pudor de los malgaches y su miedo a quedar mal

A pesar de sus condiciones de vida muy modestas, los malgaches son de sonrisa fácil y de una sincera hospitalidad. Detrás de esta hospitalidad sin igual, sin embargo, se esconde un gran pudor. Así que evita las muestras de afecto o de enfado en público, ya que incomodarías a los lugareños.

Los malgaches son de una gentileza manifiesta y raramente dicen "no" a las demandas de los viajeros, por su miedo visceral a molestarles. Por eso, debemos tener especial tacto y no imponerles demandas imposibles que pondrían a tus anfitriones en situaciones delicadas.

No fomentes la mendicidad.

Los niños malgaches piden mucho a los turistas: dulces, jabón, ropa usada... Sus peticiones son difíciles de rechazar. Sin embargo, es preferible que hagas donaciones a asociaciones locales, a los patriarcas de los pueblos por los que pases o a las autoridades religiosas. La afluencia sin orden de regalos puede alterar la jerarquía social de un pueblo y, sobre todo, crear envidias entre las familias.

Aline Gernay
7 contribuciones
Actualizado el 8 octubre 2015
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