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Los exuberantes jardines de Madeira

En general esa es la principal razón de un viaje a Madeira, el amor por las flores. En cualquier caso, eso es lo que me llevó a descubrir esta isla.

Flores por todas partes

Durante tu viaje a Madeira, no necesitas visitar los jardines para ver bellas flores, crecen como las malas hierbas sobre todos los taludes. Pero como soy una gran apasionada de las flores, fui a los jardines de la isla. E hice bien. Todo empezó con la ascensión en teleférico desde Funchal. Por supuesto, también se puede ir en coche, pero eso sería privarse de una experiencia muy agradable que te lleva cómodamente, sin molestias y sin sacudidas por encima de Funchal. En algunos minutos, eres propulsado por encima de los tejados, y ves los patios de las casas, jardines, la vista del océano. Al llegar, un promontorio domina toda la ciudad y el océano.

Los jardines de Monte

Desde que el magnate del petróleo Berardo recuperó este jardín y construyó un museo a través de su fundación, el lugar está abierto al público todos los días. Este jardín tropical sobre el pueblo de Monte se remonta al siglo XVIII. En 70.000 hectáreas, hay plantadas esencias exóticas de Sudáfrica, el Himalaya, Australia... que se han adaptado al clima de la isla. Acoge a un buen número de especies de la selva primaria, también llamada laurisilva, y que ha sido declarada patrimonio mundial de la UNESCO en 2000. Las avenidas del jardín te harán viajar de un universo a otro. Avenidas de estilo japonés con puertas rojas y estanques habitados por carpas koi, y a algunos pasos encontrarás a los pies de paneles de azulejos. Descubrirás esculturas, pagodas y budas. Un interesante museo alberga una bella colección de minerales y de gemas recolectadas también por todos los rincones del mundo. En el museo también se pueden ver algunos objetos contemporáneos, y a la vuelta de la esquina. Me gustó deambular por el jardín, sentarme en el borde del lago y mirar a los niños jugar con los palmípedos. Su único defecto es la necesidad de subir al final para poder salir, porque, sí, ¡hay una buena cuesta!

El Jardín Botánico

Y como si un jardín no fuese suficiente (Madeira, isla de las flores, ¿no?), también puedes ir al Jardim Botanico. Allí vi unos de los conjuntos de cactus más bellos, y a algunos pasos un jardín a la francesa cuyo decorado cambia muy a menudo, según las estaciones y lo que apetezca a los jardineros. Plantas para la alimentación o medicinales también tienen su lugar, y el jardín también esconde bellas orquídeas. Al bajar seguramente escuches el canto de los loros del Jardim Dos Loiros, se puede acceder con el mismo billete. Aunque el espacio del que disponen los pájaros no es inmenso, a los niños les fascina verlos desde tan cerca, y quizás disfruten de la hora de la comida para oírles agitarse todavía más. ¡A mi hijo le encantó admirar todos los colores y escuchar sus gritos! Es realmente un destino que hay que descubrir con niños.

El jardín botánico

Anne Vergnaud
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Actualizado el 4 noviembre 2015