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Religión y creencias en Perú

En un viaje por Perú, esta realidad de su vida cotidiana te saltará a la vista. La inmensa mayoría de los peruanos son cristianos muy devotos, muy creyentes y muy practicantes, ¡Muchos de ellos se santiguan al pasar delante de una iglesia! Paradójicamente, siguen ligados a otras creencias más antiguas y no tienen ningún problema en mezclar unos ritos con otros.

La religión en el día a día

Si tu viaje a Perú coincide con alguna fiesta religiosa, te vas a quedar con la boca abierta cuando veas el fervor de los peruanos. Durante la Semana Santa, las fiestas de Pascua y de Navidad y demás celebraciones religiosas se celebran procesiones multitudinarias. Alrededor se arremolina siempre una muchedumbre de gente. No cabe duda de que los peruanos son muy practicantes. Sin embargo, si nos fijamos bien, estos ritos cristianos suelen tener allí un toque propio y singular. En general, las fiestas religiosas se celebran en las mismas épocas que las festividades precolombinas. En la época de los misioneros españoles, los sacerdotes cristianos no dudaron en explicar el cristianismo asociándolo con algunas de las creencias de los incas. Para los indios era más fácil creer en un Cristo vinculado al sol.

Oraciones ancestrales

Creencias ancestrales

Para los indios, era difícil creer en un dios incapaz de dominar la naturaleza. Ellos, que creían fervientemente en el sol, la luna y la tierra, ¿cómo iban a creer en un dios que era más débil que la propia naturaleza? Aquello era completamente inconcebible. ¿Cómo creer en la imagen de un Cristo debilitado y moribundo? Todo esto contribuyó a que las creencias ancestrales pervivieran en Perú. Siguen creyendo en la Pacha Mama y en Inti, el Dios del sol, que, por cierto, se sigue celebrando el 24 de junio de cada año. El Inti Raymi de Cuzco es una de las fiestas más grandiosas e impresionantes de todo el continente.

También te das cuenta de la importancia de estas creencias en la vida cotidiana de la población cuando vas al mercado y ves a los curanderos o a las hechiceras. La agenda de estos hechiceros peruanos está más abarrotada que la de un dentista en España. Cuando un peruano se pone malo, además de su medicación, es muy normal que se haga una cura a base de hierbas medicinales o que se tome una poción mágica. Antes de hacer un viaje largo, los conductores se paran a rezar y a bendecir el viaje. Dejan curiosas ofrendas, como bebidas alcohólicas u hojas de coca, para la Pacha Mama o para algún sacerdote tradicional. Además, nunca se les ocurriría construir una casa o un edificio sin antes enterrar un feto de llama en los cimientos. Así de paradójica es la vida cotidiana de los peruanos.

David Debrincat
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Actualizado el 21 mayo 2015
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