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Wadi Rum: sobre los pasos de Lawrence de Arabia

La puerta del desierto se abre junto a los siete pilares de la sabiduría, así como lo popularizó Lawrence de Arabia en el libro con el mismo nombre.

Wadi Rum a lomos de un camello 

Tenemos una cita con Attayek, nuestro guía durante 2 días. Attayek es un beduino, nacido en el pueblo de Wadi Rum, que conoce el desierto como la palma de su mano. Nos detuvimos en su casa para tomar un desayuno, tras un largo camino desde el aeropuerto de Amman. Sus dos hijas son curiosas, titubean al acercarse, hasta que al final deciden sentarse a nuestro lado. Attayek nos hace señas para indicar que es la hora de partir hacia nuestro paseo en camello.

Para iniciar el recorrido, habíamos decidido entrar en el desierto a lomos de un camello. Todo hay que decirlo, el paseo no es particularmente cómodo sobre todo cuando uno no está acostumbrado, pero el placer de caminar a lomos de un camello bien merece este pequeño inconveniente. El paisaje es fantástico, nos movemos por extensos valles rodeados de montañas con rocas desgastadas por el agua y el viento. Desde la distancia, la roca tallada por los elementos presenta una imagen extraña, como la de la fachada de una catedral gótica cuyo escultor hubiese sido torturado. No me canso de contemplar estas efímeras figuras artísticas. Llegamos al final de nuestro paseo en camello, cerca de una duna de arena ocre, la primera sorpresa del paisaje.

Después partimos en 4x4 en busca de un lugar para almorzar. Nos paramos junto a un muro cubierto de petroglifos milenarios, con representaciones de animales y cazadores. Nuestro guía eligió un lugar rodeado de djebels, un nombre árabe que significa montaña. Attayek extiende una gran manta de flores y prepara té y desayuno, mientras que nosotros vamos en busca de ramas para mantener vivo el fuego. El sol de invierno, porque nos encontramos en diciembre, calienta con suavidad nuestros rostros, y una vez hemos repuesto energías, aprovechamos para hacer una siestacita rodeados por las imponentes montañas .

Puesta de sol en Wadi Rum

Recorrer Wadi Rum a pie

Después nuestro guía nos propone continuar el camino a pie y encontrarnos unos cuantos kilómetros más adelante. Nos internamos en un estrecho desfiladero, el Siq al Burrah, atravesando las milenarias formaciones rocosas. Escalamos por las escarpadas rocas, el sentimiento de aventura es muy fuerte. A continuación llegamos a un magnífico mirador, desde donde contemplamos el extenso desierto que llega hasta donde se pierde la vista, mientras que el sol que comienza a declinar en el horizonte. Regresamos al 4x4 para llegar a otro mirador panorámico, y así contemplar la puesta de sol. El astro rey desciende lentamente, dando color a las montañas y valles. Descendemos ya a oscuras para volver al campo donde teníamos programado pasar la noche.

Cuando el sol desaparece, la noche se vuelve helada, aunque es una maravilla contemplar el cielo y sus miles de estrellas que hacen centellear las montañas de los alrededores. Nos reunimos alrededor del fuego, bajo la tienda beduina, para tomar un té de menta caliente. La cena es deliciosa, pollo con especias, cuscús y verduras crujientes. Nos vamos a la cama felices, bajo nuestra tienda individual.

A la mañana siguiente volvemos a salir en dirección hacia uno de los arcos que los elementos han tallado. El ascenso del arco de Burdah es sencillo, pero lleno de emoción ya que el sendero es vertiginoso, y las vistas desde lo alto son extraordinarias. Se entiende la fascinación de Lawrence de Arabia por este desierto cautivador, en el que uno se siente pequeño. 

Nos paramos cerca de un grupo de tiendas beduinas, donde vive una familia que conoce bien a Attayek. Durante unas horas compartimos el duro día a día de la familia. Cabras y dromerarios se pasean libremente alrededor de las tiendas. Una anciana me lleva con ella a la cocina para cocer el pan. Después compartimos juntos la cena, y Attayek nos cuenta historias y leyendas del desierto. Es el momento de dejar el desierto, muy a mi pesar. Si bien la vida nómada es agreste, posee una belleza salvaje única. 

Durante tu estancia en Wadi Rum, tómate tiempo para disfrutar del desierto, y caminar por la cálida arena. La sensación de estar solo en el mundo frente a los elementos será uno de los momentos fuertes de tu viaje. 

Pauline Girardey
12 contribuciones
Actualizado el 23 marzo 2016