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Coober Pedy

Informaciones prácticas sobre Coober Pedy

  • Encuentro locales
  • Desierto
  • Lugar o Monumento religioso
  • Museos
  • Artesanía
4 / 5 - 2 opiniones
Cómo ir
A 539 km en coche de Port Augusta
Cuándo viajar
De abril a octubre
Duración mínima
1 a 2 días

Opiniones de viajeros sobre Coober Pedy

Olivia Merlen Gran viajero
38 opiniones en total

Coober Pedy es una ciudad minera ubicada en Australia del Sur. Down under, es conocida como la capital mundial del ópalo.

Aconsejo:
Al llegar en coche desde el norte, haz una parada en Breakaways. Caminar por esas colinas de cima llana en medio del desierto, permite disfrutar mejor de los paisajes áridos y coloridos de la región.
Mi opinión

De mi viaje por Australia, Coober Pedy es uno de mis mejores recuerdos. Me detuve allí durante un viaje por carretera de 17.000 kilómetros y me encantó su ambiente.

La ciudad parecía poco hospitalaria a primera vista, sin embargo los habitantes son realmetne acogedores. Para escapar de los días de calor, han costruido bajo tierra. Cuando vayas a explorar Coober Pedy no dejes de entrar en las iglesias, visitar el subsuelo del Desierto Cave Hotel e ir a echar un vistazo a la librería. En cuanto al cine, es una de las pocas atracciones al aire libre.

Tras un bonito día, clavé mi tienda en un camping subterráneo. Insólito, pero no tan soprendente en Coober Pedy, una etapa llena de sorpresas.

Lisa Gaillard Gran viajero
101 opiniones en total

Coober Pedy, se dice "agujero del hombre blanco" en la lengua aborígen, y es un nombre acertado para unaciudad cavernaria y minera de Australia meridional. Es la capital mundial del ópalo y es donde se filmaron las películas Mad Max 3 y Priscila reina del desierto.

Aconsejo:
Visita las tiendas de ópalos, conversa con los minoristas, acérccate a ver una de las iglesias de las cavernas y el museo de Umoona. Pasa la noche en un hotel bajo tierra.
Mi opinión

Desde la carretera que lleva a Coober Pedy se ven unos montículos de piedras y máquinas de perforación. En un primer momento la ciudad no me pareció muy acogedora: había restos de coches abandonados bajo el sol abrasador, y me sentí un poco incómodo bajo la mirada azorada de algunos aborígenes sin empleo. Pero ¿qué se puede esperar de una ciudad minera en medio del desierto de Australia? 

Sin embargo, este es un lugar único que hay que ver. Así que si pasas por las tiendas, por el museo y en las iglesias, podrás descubrir todos los atractivos que ofrece una visita a esa ciudad, y disfrutando de un poco de fresquito. El museo te informará de los orígenes de la ciudad, además de las tradiciones ancestrales de los aborígenes, y por supuesto de las minas de ópalo. Aprendí muchísimo sobre la región, como el hecho de que estaba situada por debajo del nivel del mar en la era secundaria y que se han encontrado fósiles de dinosaurios marinos como el de Eric, con incrustaciones de ópalos.

La calle principal está llena de tiendas de ópalos que dirigen gente procedente de todas partes para hacer fortuna (croatas, polacos, etc...). Al hablar con un vendedor australiano de una de las tiendas, me enteré de que él era el propietario, que fabricaba sus propias joyas, y que había regresado tras 9 meses perforando en los cuales no había logrado encontrar nada. Hacía 25 años que era minero. Un día se topó con un filón que le reportó 50.000 dólares. ¡Qué suerte! Actualmente el ópalo no se vende tanto. En el museo te enterarás de que el problema principal de Coober Pedy había sido el suministro de agua. Al comienzo había que llevarla con camellos. Según el dueño de la tienda, en la actualidad, el problema es el de la electricidad, que sigue siendo la más cara de Australia. Es por ello que al salir de la cueva de una iglesia católica, te encuentras un cartel que dice: "gracias por apagar las luces al salir".

Para disfrutar de un viaje lleno de buenos encuentros por Australia, acércate a Coober Pedy y habla con la gente de las tiendas para conocer cómo es la vida de un minero de ópalos. La verdad es que yo no perdí mi tiempo, y me sentí muy enriquecido, no gracias a los ópalos, sino en mi interior al conversar.