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¿Por qué viajar a Hungría?
Organizada en torno al oscilante río Danubio, Hungría no es un país conocido por la majestuosidad de sus paisajes o por la grandiosidad de sus montañas. Por el contario, es más bien por la tranquilidad de su modo de vida, por un universo apacible en donde la existencia se saborea con un vaso de vino local o con uno de sus numerosos platos que hacen la boca agua a los amantes de la gastronomía. Pequeña en tamaño aunque grande en variedad, Budapest...
Organizada en torno al oscilante río Danubio, Hungría no es un país conocido por la majestuosidad de sus paisajes o por la grandiosidad de sus montañas. Por el contario, es más bien por la tranquilidad de su modo de vida, por un universo apacible en donde la existencia se saborea con un vaso de vino local o con uno de sus numerosos platos que hacen la boca agua a los amantes de la gastronomía. Pequeña en tamaño aunque grande en variedad, Budapest, la hermosa capital de la rivera volcánica del Balatón. Una escapada a Hungría es una oda a la dulzura, al placer y a una forma epicúrea de viajar que hará las delicias de aquellos que busquen un destino diferente sin marcharse demasiado lejos, interesante sin ser perturbadora, y sobre todo, es un lugar al que siempre dan ganas de regresar. Será como lo dicen los locales Üdvözöljük Magyarországon (¡Bienvenidos a Hungría!).
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Me ha gustado todo. Ha sido un viaje en familia. Hemos viajado a las 3 Ciudades Imperiales, Praga, Viena y Budapest. En Praga la guía era española, lo hizo muy bien.
La organización del viaje fenomenal, las personas de habla hispana que nos venían a recoger en nuestros desplazamientos, nos ayudaban mucho y destacó en Budapest, a Nely, nos dio información, nos pareció un cielo.
Tuvimos un problema con una excursión, ya que pagamos el paseo en barco en Praga y no nos lo hicieron, pero le mandé un email a mi contando en Evaneos y me lo solucionaron en el momento, devolviéndonos el dinero. Volveremos a repetir.
La estancia fue buena, el hotel bien ubicado, las comidas buenas. No merece la pena ir al llamado palacio de Sisi, en Gödöllö, es una reconstrución malísima.
Una perdida de tiempo y dinero.
Muy bien la cena por el Danubio, menos el lago Batalon.
La ciudad es preciosa aunque parece un poco dejada, es decir no la cuidan demasía do bien. No limpieza, falta de rehabilitación, etc.suponemos falta de recursos económicos del gobierno.
No hemos conocido gente autóctona porque el hotel estaba en pleno centro y eran todo turistas y los pocos que hemos encontrado no eran muy sociables.