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Inmersos en el corazón de la selva, fluyendo al ritmo del Amazonas...

Qué mejor para descubrir la Amazonia que zigzaguear todos los días, desde el alba hasta el crepúsculo, por el corazón de la selva en el río Amazonas, tomarse el tiempo suficiente para viajar por él en barco, observar la vida que se arremolina a lo largo de sus riberas y contemplar su maravilloso colorido. 

Atravesad las puertas de la Amazonia

¡La Amazonia os recibe con los brazos abiertos! Desde Belén, su gran puerta, tomad asiento a bordo de uno de los pintorescos barcos-hamaca que os ofrecerán remontar el río hasta Manaos, o incluso más lejos si así os lo pide el cuerpo. 

Para mí, sin duda alguna, el navegar por el río más grande y caudaloso del mundo es una experiencia increíble. ¡No os lo perdáis!
Tras elegir la hamaca que más os guste en cualquiera de los mercados que bordean el puerto de Belén, solo os queda embarcar y sumergiros en el corazón de la selva.  

Los amantes de la naturaleza no saldrán airosos de este viaje, donde lo importante no es tanto el destino, sino la ruta que promete llevarnos allí. Dejamos atrás rápidamente la gran ciudad de Belén y nos dejamos llevar por las aguas del majestuoso Amazonas. De puerto en puerto, descubrimos la vida local surgida a lo largo del río, con las idas y venidas de los pescadores, niños jugando y observando los barcos con curiosidad. 

Se fue a pescar en su canoa...

Santarém está más o menos a medio camino, entre Belém y Manaos. Estas son las tres mayores ciudades que ver durante vuestra estancia. 

Abandonaos a la contemplación

El viaje dura varios días. Todo dependerá del destino que hayáis elegido: Santarém, Manaos, o quizás los más aventureros, cualquiera de los pequeños pueblos menos conocidos pero donde se vive bien, y donde también paran los barcos-hamaca. El tiempo parece detenerse a bordo. Es tiempo para la contemplación.

Para aquellos de vosotros que os cueste seguir el ritmo será una prueba de paciencia, ya que durante este viaje sobre las aguas se puede charlar con los vecinos de hamaca, observar la belleza selvática, saludar a los habitantes en sus canoas, leer, escribir, o dibujar qué se yo... pero es cierto que se debe aprovechar al másximo para disfrutar del tiempo que pasa. Sin embargo, atravesar la Amazonia en autobús por carretera no supondrá recortar mucho camino; yo por mi parte, me sentí más a gusto en el barco y meciéndome en la hamaca con posibilidad de caminar por el puente, que sentada en el asiento de un autobús zarandeado por las empinadas carreteras amazónicas. 

Mi travesía por el río Amazonas cautivó mis sentidos en todo momento: el río es a veces tan extenso que apenas se pueden distinguir los barcos, y a veces angosto y salpicado de verdes islotes. Recuerdo a los niños subiendo a la embarcación para vender algunos plátanos antes de volver al río con su canoa; aves y mariposas de colores volando cerca de la orilla; pequeñas casas sobre pilotes agrupados aquí y allí, en medio de toda esta verde inmensidad ... y amigos reuniéndose a bordo, las partidas de cartas, de un juego del cual cuyas reglas aún no he aprendido, buenas comidas compartidas y atardeceres en tonos rojo anaranjado y púrpura, antes de que el cielo se llene de estrellas por la noche. Con todo lo que tuve ante mí durante aquellos días, siguiendo el ritmo del Amazonas... ¡es que no tuve tiempo para aburrirme!

Barcos de pesca amarrados...

Anne-Laure Paffenholz
13 contribuciones
Actualizado el 21 septiembre 2015