Valoración de nuestro viaje a Japón (grupo de 7, julio)
Programa organizado a través de Evaneos y ***. Presupuesto aproximado: 30.000 €, con alojamiento y desayuno, almuerzos, guía diario, transportes interiores, seguro y asistencia médica.
El viaje tuvo aspectos muy positivos —en especial la dedicación y flexibilidad del guía y la estancia en Yamanakako—, pero también deficiencias de diseño y coordinación que no se corresponden plenamente con el presupuesto abonado.
Lo mejor. la flexibilidad del guía permitió corregir sobre el terreno varias carencias del programa, dividiendo jornadas por el calor extremo e improvisando soluciones cuando la operativa prevista fallaba. La experiencia gastronómica y el alojamiento de Yamanakako fueron de gran calidad, y el transporte público japonés, impecable.
Diseño de las jornadas y calor. Nuestra crítica principal no es el uso del transporte público, sino que el programa no analizó, jornada por jornada, qué caminatas, transbordos o movimientos de equipaje convenía sustituir por taxis o minibuses puntuales, especialmente en julio, con calor y humedad muy elevados. Superamos con frecuencia los 20.000 pasos diarios, no solo por las visitas sino por desplazamientos entre hoteles, estaciones y monumentos mal encadenados geográficamente, sobre todo en Tokio y Kioto. En los días más sofocantes tuvimos que partir la jornada en dos, algo que no estaba previsto y hubo que improvisar. Unos pocos taxis selectivos —al inicio o final del día, en tramos con pendiente o mal conectados— apenas habrían encarecido el viaje y habrían mejorado mucho la experiencia.
La ascensión al Fuji. El plan inicial para los dos miembros del grupo que subían al monte era salir de Tokio a las 05:00 y hacer ascenso y descenso en el mismo día. Pese a nuestra insistencia, la agencia no ofreció alternativa, así que gestionamos por nuestra cuenta una noche previa en Gotemba —la solución lógica y segura, que debió preverse desde el principio. Además, Una actividad de montaña exige ventanas de recogida flexibles y comunicación directa con el conductor.
El traslado a Itami. Para cinco viajeros con ocho maletas, la solución prevista era: taxis hasta Umeda, descarga y carga intermedia del equipaje, y *** hasta el aeropuerto. Una logística innecesariamente compleja frente a la alternativa evidente de continuar en los mismos taxis hasta Itami, que finalmente contratamos por unos 90 €. Nos molestó especialmente que la operativa se justificara apelando a la huella de carbono: compartimos plenamente el transporte público cuando es eficiente, pero una combinación que también empezaba en taxi y añadía manipulación de equipaje y un autobús difícilmente aportaba beneficio ambiental real. La sostenibilidad no debería usarse como justificación genérica para trasladar la incomodidad al cliente. La agencia se mostró después favorable al reembolso, lo que agradecemos.
Comidas. El presupuesto ordinario de 2.000 yenes por persona para almorzar resultó demasiado ajustado para un grupo de siete en zonas turísticas, y perdimos tiempo buscando restaurantes que encajaran. La excelente experiencia de Yamanakako tuvo un horario muy rígido (solo cuatro horas entre comida y cena) y los dos viajeros que estaban en el Fuji no pudieron disfrutar de ninguna de las dos, pagando además su propia cena.
Alojamiento y relación calidad-precio. No calificamos el presupuesto de abusivo: incluía intermediación, organización local, guía con sus gastos, seguro y asistencia. Pero la relación entre precio y experiencia es mejorable. Las habitaciones fueron pequeñas en casi todos los hoteles —extraordinariamente reducidas en Tokio— pese a haber pedido categoría de cuatro estrellas, y la petición reiterada de camas king size no se atendió en ningún establecimiento ni se nos advirtió claramente antes de confirmar. Salvo Yamanakako y el *** de Hiroshima (amplio pero periférico), los alojamientos fueron funcionales, no de gama alta.
Conclusión. Con varios niveles de intermediación, lo esperable es precisamente anticipación y buena resolución logística: dormir cerca del Fuji, un traslado directo al aeropuerto, descansos previstos por el calor o taxis puntuales debieron resolverse antes del viaje, no sobre la marcha. Valoramos positivamente al guía; la crítica se dirige al diseño y la coordinación previos, y al valor añadido que debían aportar la plataforma y la agencia local. Esperamos que sirva para mejorar la planificación de futuros viajes.