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Una semana sumergido en casa de unos nómadas

Tuve la suerte, con un amigo, de vivir entre los nómadas durante ocho noches. Te voy a contar esta experiencia...

La vida nómada

Nuestro anfitrión en Oulan-Bator (o Ulaanbaatar) procede de una familia nómada, y nos ofreció pasar una semana con ellos. Por supuesto dijimos que sí.

Los nómadas viven en yurtas. Cambian aproximadamente unas cuatro veces de ubicación al año, una vez por estación. En verano se colocan lo más cerca posible de una fuente de agua potable (lago, río...). Nos encontrábamos en primavera (estación de cría de animales).

Los niños de la familia van a la escuela en un internado. Viven durante la semana alejados de sus padres. La escuela es obligatoria hasta los 16 años. Después pueden elegir seguir estudiando o regresar a la misma vida que sus padres. La generación de los estudiantes es hoy en día una generación en transición. Hace de enlace entre las tradiciones y el mundo moderno.

La ubicación en primavera

La comunicación

Viví una experiencia inolvidable en aquella semana. Aislados de todo, sin internet, información, mensajes... Al menos tienen un panel solar y una antena parabólica. Pudimos ver la Fashion Week: nos dio la risa floja por los contrastes: nuestros anfitriones, en trajes tradicionales, y las mujeres en la pantalla vestidas con minifaldas y tacones de aguja. 

Tuya, la mujer, nos enseñó recetas típicas, como los raviolis de cabra. Ayudamos a cocinar un poco cada día, intentando comunicarnos de alguna manera. Ni Tuya ni Arya, su marido, hablaban inglés. Tan sólo unas cuantas palabras básicas, más lo que nos inventábamos, nos convertimos en unos magníficos mimos. 

Intentando comunciarse con Tuya.

Vivir en la naturaleza

Los nómadas tienen los días bien organizados. Cada mañana hay que ordeñar las vacas, y amamantar los corderos y cabritos con un biberón (me encantó). Cada noche, hay que ir a buscar al rebaño que se ha esparcido por las estepas. Hongkor, "el manitas", me enseñó las palabras para guiarlas. Aquí estoy marchando por las estepas, con un palo en la mano, para recoger el rebaño en la yurta. Es increíble el poder que tienen estas palabras para dirigir. Sentí el alma mongol, perdido en alguna parte del este de Mongolia.

Los ayudamos a contar su rebaño ya que necesitaban manos para realizar esta tarea. Tuvimos que encerrarlos en un corral, después abrir la puerta, y hacerlos salir uno por uno para contarlos. Arya nos dijo que eran 780 cabezas, entre cabras y ovejas. 

Las crías en primavera

Los nómadas, si bien en la actualidad tienen una moto casi todos, siguen utilizando caballos semi salvajes. Estos caballos viven en manadas, libres por las estepas, y los nómadas los atrapan cada mañana para las tareas del día, liberándolos por las noches. Al día siguiente vuelven a comenzar.

Me encantó esta experiencia, que me llegó a lo más profundo de mi ser. El día que nos despedimos, todos lloramos. Les prometí que un día volvería, y tengo la intención de hacerlo.

Marion Darde
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Actualizado el 19 abril 2016
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