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Aventrua en la Colombia septentrional

Para alejarte de los lugares convencionales de Colombia, atrévete a recorrer la parte más septentrional del país, donde las olas del océano se estrellan contra las dunas de arena del desierto árido, y donde solamente el sol y los escasos turistas se reúnen en un pueblo wayuu.

Una primera etapa en Riohacha

Es allí donde comienza todo. Ya sea que viajes solo, apretado en un taxi colectivo, o en la comodidad de un coche con aire acondicionado reservado por una agencia. Cualquiera de las opciones te obligarán a poner los pies en Riohacha, la única gran ciudad y parada en la región de Guajira, donde los pocos turistas se reúnen para planificar sus excursiones más al norte, en el desierto. Aprovecha para ir a dar los buenos días a los pescadores que venden el resultado de su trabajo con las redes en sus pequeñas barcas improvisadas, y descubre la artesanía wayuu, llena de colorido.

Riohacha

Descubre uno de los últimos pueblos del desierto

Ya seas que elijas la opción audaz, o vayas acompañado, tendrás que pararte en Uribia, parada con aires de ciudad fronteriza que parece salida de una película del oeste. Cambio de escenario, tendrás que dejar tu taxi por otro, o ir en la parte posterior de una camioneta donde se apretujarán tus compañeros de viaje entre cabras y cartones. ¿Comienzas a sentir la aventura? Espera a que arranque el coche, recorriendo las carreteras a toda velocidad para contemplar los diversos pueblos del desierto de Guajira, y estarás servido. Por cierto, no te olvides de cruzar una sonrisa con las mujeres wayuu (una de los últimos pueblos indígenas de Colombia) e incluso hacerte con uno de sus bonitos bolsos de colores llamativos.

O el arte de saber elegir tu hamaca

En la zona más al norte de la región de Guajira, cerca de la famosa playa de Cabo de la Vela, por la que harás todo este trayecto (unas tres horas de carretera), las infraestructuras turísticas no son de las mejores. A menudo tendrás que elegir entre una pequeña habitación privada o una hamaca con mosquitero para dormir al aire libre. No puedo menos que aconsejarte la segunda opción, por supuesto. Por la noche, todo el pueblo se reúne alrededor de la única televisión para disfrutar de un partido de fútbol. Acompáñales o acércate a disfrutar de una langosta preparada al momento en un pequeño restaurante.

La recompensa: Cabo de la Vela

A la mañana siguiente, seguramente tu anfitrión te habrá recomendado a su primo conductor y su pequeño ciclomotor. No tengas miedo de subirte atrás (a veces van dos o tres en la moto), para dejarte guiar hasta el antiguo faro de la playa, y por supuesto hasta el Cabo de la Vela. Poca sombra para ponerte rojo como la langosta que has probado el día antes, aunque unas de las aguas más transparentes que he visto nunca. Solo te queda disfrutar y crear tus recuerdos.

Marie-Aurélie Graff
23 contribuciones
Actualizado el 18 marzo 2016
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