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El Parque Nacional de Ankarana

Después de los Tsingys de Bemaraha, damos paso a los Tsingys de Ankarana

El parque nacional de Ankarana supuso mi primera parada por el itinerario que me llevó al norte del país partiendo desde la capital, ya que debía hacer algunos trabajos de investigación allí e interrogar a los visitantes. Al llegar a Mahamasina, pueblo que se encuentra situado en la entrada del parque, dejé mi mochila en una de las pequeñas chozas que limitan con el área protegida y me dirigí a la recepción para organizar mi jornada del día siguiente con ayuda de uno de los guías.

El parque se extiende sobre una inmensa meseta de piedra caliza, situada en otros tiempos bajo el nivel del mar, y se ha ido elevando poco a poco debido la tectónica de placas. La particularidad del Parque Nacional de Ankarana es la erosión que ha ido tallando la caliza y dándole una forma de punta afilada, originando así los Tsingys. Bajo la superficie se hallan inmensas redes de grutas y pasajes subterráneos, abiertos por cursos de aguas que fluyen durante la estación de las lluvias. Además, el parque tiene también la función de proteger un bosque amenazado por la explotación de zafiro, rico en la región, y también del tráfico de madera.

Una multitud de rutas que descubrir

El parque puede visitarse a través de 8 circuitos de longitud variable, algunos de los cuales se pueden combinar para hacer una larga ruta de senderismo Una vez que mi guía me hubo explicado los distintos recorridos, opté por el circuito del Lago Verde, que permite acceder a un lago sagrado y combinarse con otros caminos.

Cuenta con aproximadamente 9 horas de marcha para un circuito como este: la salida se hace muy temprano por la mañana y la vuelta al final de la tarde. ¡Lleva gorra y crema solar (el sol pega fuerte), además de un bocadillo y, sobre todo, agua!

Si lo deseas, puedes acampar en el interior del parque, aunque también hay muchos bungalows de comodidades básicas en el pueblo de Mahamasina.

Árboles extraños y campos de piedras

La excursión comienza atravesando de un bosque de babobas y pachypodium con extrañas formas además de un curioso "árbol que se pela", también llamado árbol "Vazaha" Este nombre le viene de su corteza que parece pelarse como la piel de los vazahas, sobre la cual deja su huella el sol de Madagascar... Después llegamos a las torrecillas de Tsingys, entre catedrales calcáreas desgastadas por el viento y el agua.

Los Tsingys del Parque Nacional de Ankarana @Hoffmann Simon

El camino continúa hasta un río cuyas aguas se encuentran a una temperatura ideal para tomar un baño, lo cual resulta especialmente placentero con el calor que comienza a pesar. Tras este refrescante interludio, el camino continúa subiendo hasta el Lago Verde, lugar donde se puede hacer una pausa para comer en mitad de las rocas. La vista es espléndida: una inmensa extensión de Tsingys sobre un pequeño lago de aguas de un verde brillante situado más abajo. Alrededor, una rica vegetación que hace contraste con el color gris de la piedra, formando un espectáculo insólito. Escondidos entre las rocas, vemos a lo lejos unos lémures buscando comida entre los árboles.

Indiana Jones y los Tsingys de Madagascar

El camino de vuelta es el mismo que el de ida; sin embargo decidimos dar un rodeo para cruzar los puentes suspendidos en medio de los cañones del circuito Benavony y admirar la extensión interminable de los Tsingys Rary. No lejos de la entrada, podemos ver la imponente garganta conocida como la "pérdida del río", sobre la cual se derraman tres cursos de agua que atraviesan el macizo. De vuelta al punto de partida para un descanso bien merecido y una noche de profundo sueño.

Te recomiendo que vayas a ver una de las magníficas grutas del parque, decoradas con excelentes estalactitas y estalagmitas. Algunas de ellas albergan las sepulturas de los reyes del pueblo Antakarana, el cual se refugió en el macizo de Ankarana durante las invasiones que llevaron a cabo las etnias de las tierras altas.

Simon Hoffmann
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Actualizado el 13 octubre 2015