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Madagascar

El pueblo de Anakao, ¡vaguear en el sur!



Objetivo: playa

Nueva etapa de mi viaje a Madagascar: después de recorrer la carretera nacional 7 desde la capital hasta Toliara en taxi-brousse, creo que un baño en agua caliente le sentaría genial a mis músculos. Una vez informado, parece que el pueblo d’Anakao, situado a unos cuarenta kilómetros al sur de Toliara, está particularmente indicado para esos menesteres. Se sale del puerto y de los billetes para este oasis del descanso se pueden comprar directamente.

Tras una hora en barco, el pueblo de Anakao ser perfila poco a poco y se ven los primeros barcos de pescadores. Una vez en tierra firme, o más bien en la blanda arena, me doy cuenta de que esos barcos tienen algo especial. En realidad son piraguas de balancín, particularmente apreciadas por los pescadores vezo que habitan el pueblo.

Arena blanca y agua turquesa

Anakao se presenta en dos partes: los alojamientos, restaurantes y bares están situados directamente sobre la playa mientras que las casas están dispersadas por las tierras, más cerca de los campos. Un número increíble de piraguas esperan su salida al mar descansando en la playa y rivalizando en color con su vecina. El conjunto forma un paisaje de tarjeta postal. La arena es blanca y proporciona magníficos colores al agua. El mar es rico en peces y encantará a los amantes del esnórquel.

Por la mañana, voy al baile de pescadores que salen al mar en sus embarcaciones y que volverán más tarde, cuando sus redes estén llenas de pescado que venderán directamente al volver a la playa. Frescura garantizada.

Piraguas de balancín en Anakao @Hoffmann Simon

Por la noche, sentado en uno de los numerosos restaurantes que bordean el litoral, degusto un pescado asado aderezado con zumo de limón. A lo lejos, la puesta de sol sobre la isla de Nosy Ve, ofrece un magnífico cuadro de colores rojos y amarillos sobre el fondo azul marino. La noche cae lentamente sobre Anakae, el asfixiante calor del días cede ante el aire fresco salvador que durará hasta las primeras luces del alba.

Un banco de arena en el mar: la isla de Nosy Ve

A dos millas del pueblo se encuentra la isla de Nosy Ve, pequeño islotes al que acuden para hacer sus nidos los rabijuncos colirrojos, una especie endémica de Madagascar. Protegidos por un fady(un "tabú") que prohíbe matar un animal en la isla, estas aves comparten apaciblemente los matorrales con numerosos congéneres. Es posible observarlos paseando por la isla cuyo tamaño no supera los 4,5 km de largo por 2 km de ancho y que, por tanto, se visita fácilmente.

Nosy Be está rodeada por un arrecife de coral habitado por un gran número peces, no olvides llevar una mascara y un tubo para tener bellos recuerdos acuáticos. Se puede acceder a la isla des Anakao en piragua de balancín: por una pequeña retribución, un pescador aceptará llevarte e irá a buscarte cuando quieras.

Simon Hoffmann
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Actualizado el 8 octubre 2015
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