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Los baobab botella de Ampotaka

Durante una estancia en la capital, una amiga antropóloga me habló de un pueblo en la selva del sur de la isla, donde los aldeanos hacen un uso muy original de los árboles baobab, ¡los convierten en depósitos de agua! Mi curiosidad se despertó, así que decidí ir a ver por mí mismo cómo era posible tal cosa.

De ruta por la selva

Durante un viaje por el sur de Madagascar con un amigo, decidimos detenernos en este pequeño pueblo, aislado del resto del mundo y perdido en los confines de la meseta de Mahafaly. Desde Tulear, el viaje dura una jornada, atravesando la selva. Así que cruzamos alegremente la campiña malgache, yendo de pueblo en pueblo en busca de las torres de agua de las que me habían hablado... ¡Un periplo lleno de encuentros!

La ruta es accidentada, pero el paisaje vale la pena: sabanas de larga hierba donde algunos árboles son capaces de crecer, a pesar del ardiente sol que inunda la región. Aprovechamos la parada en un pueblo para abastecernos de agua y arroz, antes de continuar nuestro viaje.

Ampotaka, el pueblo de los árboles botella o baobab

Al acabar el día, llegamos, finalmente, a nuestro destino. El pueblo, minúsculo, se extiende a los dos lados del camino, con unas cuantas chozas de barro adornadas con su techo de paja y un montón de niños jugando alrededor.

Por respeto, nos presentamos al jefe de la aldea para pedirle permiso para dormir en el pueblo y hacer una visita guiada por los baobab. Después de un largo monólogo del jefe, me dirigí a mi amigo para que me tradujera:

"Entonces, ¿qué ha dicho?

- Ehhhh... no he entendido nada..."

En fin, los lugareños hablan un dialecto específico de la región, por lo que la comunicación será un poco más complicada de lo que esperas, pero no hay problema, los malgaches suelen ser muy amables. Después de una conversación marcada por la risa de ambas partes, el líder nos mostró el lugar donde instalar nuestra tienda y acordamos hacer al día siguiente la visita a los famosos za mihoraka, los baobab huecos.

Noche tranquila en un pueblo selvático, los niños se reunieron alrededor del fuego y nos miraban, divertidos. Un joven, feliz de tener una nueva audiencia, sacó una guitarra de otra época, que había fabricado él mismo, y amenizó la noche con algunos acordes.

A medio camino entre árbol y torre de agua

A la mañana siguiente, el jefe del poblado nos esperaba con un lugareño que haría de traductor entre nosotros. Así que nos sumergimos en el bosque seco que rodeaba el pueblo, en busca de los árboles botella. El principio es simple: durante la temporada de lluvias, el agua se recoge y almacena en los baobab, que han sido perforados previamente. Una vez que llega la estación seca, cuando el resto de fuentes de agua se agotan, los habitantes recogen el agua de estos árboles, que les permite subsistir hasta la siguiente temporada de lluvias.

Este procedimiento es único en el mundo y muy ingenioso: perforado a través de una abertura hecha en la parte superior del árbol, el baobab no muere porque su madera, en su mayoría compuesta de agua, no se pudre.

¡A trabajar!

El jefe de la aldea nos explicó, entonces, la organización en torno a estos baobab y la importancia que tienen para sus habitantes, mientras oíamos unas voces en la distancia que se acercaban. Un grupo de mujeres llegaron alegremente, cargando en sus brazos todo tipo de recipientes. Les preguntamos si podíamos seguirlas y ver cómo se recogía el agua, y ellas aceptaron con gusto.

Recogida de agua de un baobab botella @Hoffmann Simon

Así fue como me encontré a mí mismo en lo alto de un baobab, en equilibrio sobre una precaria escalera, metiendo la cabeza en la abertura creada en el árbol para llenar los cubos de agua, entre las risas y aplausos de las mujeres del pueblo, encantadas de ver cómo un vazaha se las apañaba haciendo una de sus tareas cotidianas.

Los pocos días que pasamos en el pueblo de Ampotaka siguen siendo para mí una experiencia inolvidable, que recomiendo a todos los que pasen una estancia en Madagascar.

Simon Hoffmann
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Actualizado el 13 octubre 2015