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Paseo en Zhangjiajie

En ocasiones, un solo motivo puede ser determinante para la elección de un destino.

Cómo medité en un bosque megalítico


Era el mes de abril y discutía con mis colegas chinos en la mesa de uno de mis restaurantes preferidos de Shanghai. No sabía adónde ir de vacaciones a finales de ese mismo mes. ¿Y por qué no a Hunan? Su cocina es tan elegante como deliciosa. Sobre la mesa había manjares de todo tipo: rollos de carne de buey al ajo y a la pimienta, chuletas de cerdo salpimentadas, gambas al estilo de Sichuan, fondant de berenjenas... ¿De verdad esta región tendría tanto que ofrecer?

Llegar (por fin) al parque de Zhangjiajie

Esa misma tarde decidí comprar mis billetes para Changsha, la capital de la región, más adelante vería qué se puede hacer en Hunan. Tras investigar en los foros y leer varias discusiones, descubrí que cerca de Changsha hay un parque natural muy reputado, el parque Wulingyuan, también llamado Zhangjiajie. Mi destino estaba decidido.

Iría sola. Deseaba sumergirme de lleno en esta desconocida región desde el primer momento. “En China, nunca estás solo”, me dijeron en una ocasión cuando visité por primera vez el país. Este viaje sería una buena ocasión para comprobar hasta qué punto es verdad eso.

Tras llegar a primera hora de la mañana al aeropuerto de Changsha, me esperaba un largo día de viaje: una lanzadera me llevaría a la estación y después tomaría un autobús para llegar al parque. Tenía dos horas por delante hasta la salida del siguiente autobús. Dos horas para conocer la ciudad de Changsha. Los habitantes de Hunan hacen vida en la calle, todos tienen la piel morena, curtida por el sol. La actitud de los lugareños ante mi presencia era muy diferente a la de los habitantes de las grandes ciudades del este de China: me miraban constantemente y con mucha curiosidad. Changsha es ruidosa y bulliciosa, dos características típicas de las grandes ciudades asiáticas.

Cuando llegó la hora de la salida de mi autobús, regresé a la estación. Tardaría unas cuatro horas en llegar a la ciudad de Zhangjiajie. En el autobús, un hombre mayor llevaba a su hija pequeña sentada en sus rodillas. Ni él ni ella apartaban los ojos de mí, solo dejaron de mirarme durante un pequeño rato en el que se quedaron dormidos. Finalmente, el hombre habló un poco conmigo, pero tampoco demasiado. Sin embargo, al bajar insistió en ayudarme a buscar mi siguiente autobús: me acompañó a pie hasta la otra estación para asegurarse de que no me perdía. Encontré sin demasiados problemas el nuevo autobús que me debía llevar a Zhangjiajie Senlin Gongyuan (parque del bosque de Zhangjiajie). Eran las 18:00 h y, tras una larga jornada, llegué a mi destino.

Me alojé en un pequeño hotel situado en la calle principal, que está justo enfrente de la entrada del inmenso parque Wulingyuan. Este parque cubre una parte de las montañas Wuling, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Las montañas Wuling son principalmente pilares de roca que emergen de un bosque tropical. En los 360 km² del parque, hay más de 3000 pilares, algunos de los cuales alcanzan los 200 metros de altitud.

Compré un mapa para ubicarme. En el hall del hotel conocí a un hombre muy amable, el Señor Li, que me ofreció su ayuda para orientarme un poco. Entendí que se trataba de un guía por lo que le agradecí su oferta pero le dije que no deseaba contratar sus servicios. No le importó, le había hecho gracia encontrarse con una europea que hablase chino mandarín. Total, que al final nos llevamos cerca de una hora decidiendo cuál es la mejor ruta que podía hacer. Mi improvisado guía me elaboró una ruta a medida a través de numerosos caminos del parque... Diseñamos un plan para mis dos días de excursión. ¡Fue un auténtico golpe de suerte, ya que deseaba pasear sola y no sabía adónde ir!

Tomé una cena muy ligera y me acosté pronto, al día siguiente me esperaba una larga caminata...

Maravillarse ante los encantos de la naturaleza

Me encontraba en pleno corazón del parque natural Wulingyuan... El recorrido propuesto por el Señor Li parecía perfecto. Las dos primeras horas de paseo a lo largo del río Jian Bian Xi, supusieron una auténtica fusión con la naturaleza, sobre todo al amanecer, cuando los primeros animales se dejaron ver. El sonido del río parecía indicarme el camino a seguir. Un modo perfecto de comenzar.

El paseo se presentaba bastante duro, en Zhangjiajie, los caminos empedrados ascienden y descienden sin ningún sentido. Este trayecto me permitió llegar a numerosos rincones donde me rodeaba la naturaleza más pura, a una distancia considerable del resto de visitantes. Y es que, aunque es poco conocido por los occidentales, el parque natural de Zhangjiajie goza de una gran reputación entre los chinos, suelen visitarlo grandes masas de turistas locales. Los lugares más famosos están siempre atestados de turistas. Aquel fin de semana era festivo y el sol brillaba, por lo que no estaba todo lo sola que me hubiera gustado para disfrutar de los tesoros del parque Wulingyuan, pero no me quedaba otra y tuve que adaptarme a la situación. Sin embargo, afortunadamente mi ruta se alejaba en numerosas ocasiones de las grandes masas de turistas y me regalaba muy buenos momentos de aislamiento en la naturaleza. Fueron muchas las ocasiones en la que me encontraba sola en medio de un océano de vegetación. Frente a mí y hasta perderse en el horizonte, se extendía una gran superficie de pilares de roca y árboles. Algunos cerezos en flor, barrancos, estanques y varios arroyos aparecían puntualmente en el paisaje. A cada paso que daba, los pilares de roca se iban haciendo más esbeltos y finos. A cada paso que daba, la naturaleza me iba conquistando un poco más. Aquellos lugares me recordaban mucho a los paisajes típicos de las pinturas tradicionales chinas. Solo faltaba el pintor o el típico anciano sabio de barba blanca y el cuadro sería idílico.

Tras siete horas de excursión, encuentré un hotel en la montaña Tianzi, junto al magnífico Shen Tang Wan. Me acosté algo después de la puesta de sol, contenta y agotada pero aún conmovida ante tanta belleza...

Emocionarse ante un mar de montañas y vegetación

Mi segundo día de excursión comenzó muy temprano y en pleno centro del parque Wulingyan. Puse el despertador antes de las 6:00 h para evitar a los turistas y disfrutar de la calma que se respira en el parque al amanecer. Llegué al lugar conocido como Shen Tang Wan que me gustó tanto el día anterior. Estaba sola en medio de la naturaleza, rodeada de montañas, árboles y aves. Los pilares de roca de la zona miden generalmente varias decenas de metros. Ahí estaban, delgados y esbeltos, plantados frente a mí como un bosque de estalagmitas de roca, tan finas como imponentes. La vegetación cubre estas curiosas montañas puntualmente, numerosos arbustos y matorrales nacen en ellas incluso a grandes alturas. Incluso algún que otro árbol crece en estos pilares de roca. Sus troncos y ramas forman extrañas y bonitas siluetas, típicas de los paisajes asiáticos que pertenecen al imaginario colectivo occidental. Este mar de rocas y vegetación me cautivó. Decidí hacer una sesión de meditación matinal rodeada de naturaleza en este mágico lugar.

Tras esto, continué mi paseo. Más adelante me encontré con un guía. Al igual que yo, el Señor Chen esperaba al autobús que nos debía llevar a la siguiente etapa. Estaba acompañando a una joven mujer de Cantón que deseaba visitar He Long Gongyuan. Nos hicimos amigos. El Señor Chen me propuso acompañarles, como experto conocedor del parque, me podría mostrar los rincones más hermosos y recónditos del mismo. He Long Gongyuan es uno de los lugares más abarrotados que vi en Zhangjiajie. Es lógico, también es uno de los lugares más bonitos. Se trata de un espacio inmenso, el mar de pilares de roca es abrumador. Fue una suerte contar con la compañía del Señor Chen, ya que nos llevó a los lugares más tranquilos de la zona, todos ellos de una belleza sobrecogedora...

Aún me quedaba un último paseo en soledad, la llegada a la puerta sur del parque. El descenso duró más de dos horas y tuve la suerte de no cruzarme con nadie. La armonía con la naturaleza estaba de nuevo garantizada, el Señor Li me había sabido aconsejar realmente bien. Le estoy profundamente agradecida por el recorrido que elaboró para mí.

Por la tarde decidí emprender el camino de vuelta a Changsha. Se avecinaba un largo y duro camino de vuelta. Cuando todos los chinos vuelven a la vez de sus vacaciones, el tráfico se resiente...

Al final del viaje me esperaban dos nuevos amigos, un matrimonio, él europeo y ella china. Mientras preparaba mi viaje los conocí a través de un foro. Es difícil encontrar occidentales por esta zona, por lo que me propusieron quedar y celebrar una cena de bienvenida en mi honor en un restaurante de Changsha. Pierre y su mujer, Qinqin, me recibieron encantados a pesar de que llegué con un importante retraso. ¡Tras dos largas horas en autobús, fue muy agradable ser recibida por amigos y degustar los deliciosos platos de Hunan!

Aurélie Croiziers
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Actualizado el 24 julio 2015