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Perderse por las callejas de Jiva

Se la llama Jiva "la misteriosa", sin duda por el ambiente que se respira. Es una de las etapas obligadas durante una estancia en Uzbekistán. Pequeña ciudad medieval rodeada por una muralla, está llena de tesoros arquitectónicos y sorpresas en cada esquina.

Para ir haciendo boca, podemos comenzar la visita de la ciudad por el exterior de la fortaleza. La oportunidad de descubrir la muralla cubierta con tumbas (falsas, destinadas a repeler los ataques), pero también la estatua del sabio y filósofo, Al-Juarismi. Distinguimos, además, las puntas de algunas cúpulas azules y minaretes. Un anticipo de lo que te espera en las próximas horas que pasarás explorando hasta el más mínimo rincón de Khiva (o Jiva).

Madrasas y minaretes

Desde la entrada al casco urbano, realizada por la puerta Oeste en este circuito, tenemos la impresión de estar ante una ciudad que sería ante todo un gran museo, tantos monumentos se acumulan unos al lado de otros. Comenzamos por la madrasa Amin Khan, hoy convertida en hotel, junto con el minarete inacabado Kalta Minor, de un verde jade, característico de la ciudad, extremadamente luminoso.

Después, dirección a Kunya-Ark, una antigua fortaleza, residencia de los "khans" (príncipes) de Jiva. Un hermoso conjunto donde admiramos la mezquita de verano, con paredes revestidas de cerámica, y la sala del trono. Ascendiendo un poco, se ofrece ante nuestras cámaras un hermoso panorama del conjunto de la ciudad y sus alrededores.

La plaza de los casados

Seguimos con la madrasa de Muhammad Rahim Khan, de disposición tradicional: en la entrada, a la derecha, la mezquita de invierno y, a la izquierda, la sala de estudio. Después, un conjunto de pequeñas puertas, cada una de las cuales da a una habitación de estudiante.

Día de suerte, ya que a la salida de la visita, llegamos a la plaza situada enfrente justo en el mejor momento: tradicionalmente los casados se reúnen ahí para bailar y ese día muchas parejas de casados giraban al son de la música. La calle principal, en su prolongación, conduce al minarete y a la mezquita del viernes, cuya estructura reposa sobre 213 pilares y en la que se podrían meter más de 5.000 personas.

El mercado caravasar

A continuación, puedes incorporarte al caravasar Allakuli Khan, que era un lugar de reposo para las caravanas en la época de la Ruta de la Seda, hoy transformado en un inmenso mercado, que se celebra diariamente. Una ocasión para darte un baño de multitudes e ir al encuentro de la población ya que los callejones están llenos de uzbekos haciendo sus compras.

Para el almuerzo, por qué no detenerse en una antigua madrasa reconvertida en restaurante, en la que nos servirán muchas ensaladas a base de mezcla de verduras, remolachas, pepinos, tomates, así como sopa (chorba) y una especie de gruesos raviolis rellenos de cordero. Con todo ello nos preparamos para afrontar las numerosas atracciones que hay que visitar a continuación. No te pierdas, en concreto, el museo de las Artes aplicadas, donde se exponen trajes de boda tradicionales y hermosos tejidos. 

Pahlavan Mahmud, el héroe local

El mausoleo de Pahlavan Mahmud es uno de los lugares de visita obligada de Jiva, tanto para los turistas extranjeros como para los uzbekos. Este héroe de Oriente, filósofo y poeta, es el santo patrón de Jiva. Es el lugar más sagrado de la ciudad. Encontramos ahí matrimonios que vienen a sumergir un cubo en el pozo situado en el patio central: si sale lleno, el primer nacido de la pareja será un niño. Todo el interior está revestido de cerámica. 

Tumbas alrededor del Mausoleo de Pahlavan Mahmud

También es importante tomarse un tiempo para deambular al azar por las calles para descubrir algunas escenas de la vida cotidiana, como por ejemplo la elaboración del pan, cocinado al horno envuelto en un paño húmedo, o los juegos de los niños en la calle. Todavía hay numerosas madrasas y mezquitas por explorar. La luz del atardecer es cálida hasta la perfección y vuelve sublimes las construcciones en terracota, así como el verde que recubre las cúpulas y decora ciertos minaretes.

Un día es suficiente para descubrir lo esencial, pero si deseas quedarte un poco más de tiempo, no dudes en planificar un segundo día en el lugar.

Amélie Perraud-Boulard
63 contribuciones
Actualizado el 5 abril 2016
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