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Perderse por las calles del fuerte de Galle

Reserva, por lo menos, media jornada para visitar el fuerte de Galle. Piérdete por la ciudad y abre bien los ojos. Déjate llevar por callejuelas al azar, ve de encuentro en sorpresa. Mansiones coloniales, iglesias antiguas, templos y mezquitas llenan de encanto esta ciudad de cuento.

Los navegantes y exploradores ya conocían Galle en el S. XV, si no antes. Con la llegada de los portugueses, hacia el año 1500, el puerto adquirió gran relevancia, hasta convertirse en una escala estratégica de la ruta de las especias. Pero la ciudad actual y sus fortificaciones son obra de los holandeses y datan del S. XVIII. Galle es una parada imprescindible durante un viaje por Sri Lanka.

Disfruta de la tranquilidad

Una cosa que me llamó muchísimo la atención al entrar en el fuerte de Galle fue la paz absoluta que se respira en su interior. Puedes leer mis impresiones en mi diario de viaje. Claramente, para disfrutar de la ciudad, es mejor salir temprano, antes de que esté todo lleno de viajeros. Galle contrasta bruscamente con las demás ciudades del país. Es una ciudad mágica, una burbuja en el tiempo, aislada del ajetreo del exterior. Tiene una atmósfera muy particular, con un claro ambiente hispano. Sus casas de colores en tonos pastel tienen un encanto que no te dejará indiferente.

¡Sígueme por las calles del fuerte!

Si entras al fuerte por la puerta principal, sube Main Street, que sale a la derecha, y ve hacia el océano. Observa la arquitectura típica colonial de esta calle. Las casas tienen columnatas restauradas de forma impecable. Al final de la calle, sube por el monte que lleva a la roca de la bandera, frente al mar. Desde allí hay vistas panorámicas de toda la bahía de Galle. Recorre las murallas en dirección al faro, hasta llegar al paseo de las magnolias. Abajo verás una cala. La gente de la ciudad suele ir allí. Sube Hospital Street hacia el bastión de la Aurora y párate en el número 22. Allí mismo se alojó Nicolas Bouvier durante su estancia en Sri Lanka. Siguiendo hacia Queen's Street, llegas a la antigua mansión del gobernador holandés.

Si no hace mucho calor, puedes subir y dar un paseo por lo alto de las murallas de la ciudad. A un lado hay unas panorámicas espectaculares del océano y, al otro, vistas inmejorables del interior del fuerte. Hay varios bastiones que merecen la pena: el bastión Negro, el del Tritón o el punto de Utrecht, justo detrás del faro.

Faro de Galle

Haz un descanso en algún patio, a la sombrita

Ya, si te estás asando, asómate a algún caserón antiguo. La mayoría tienen restaurantes o cafeterías en patios llenos de flores: el sitio ideal para refrescarse con un zumo fresquito de fruta recién exprimida. Y tienen mucho encanto también. A menudo, las casas son igual de bonitas por dentro que por fuera. Una vez recargadas las pilas, ya puedes salir y seguir explorando el resto de la ciudad.

Paul Engel
68 contribuciones
Actualizado el 29 mayo 2015
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