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Las pistas salvajes. Un elogio a los caminos sin señalizar.

¿Qué es un "pollo bicicleta"? Fácil. Es un pollo típico malgache que corre todo el día para evitar los carros de cebú y los 4x4, y que por tanto está muy musculado. No es la carne más tierna precisamente.

Después de dos días ya no vemos más a este animal. Tampoco vemos más cabañas en el horizonte. Estamos en el medio de la nada, en una ruta nacional del oeste del país.

En Madagascar, una "nacional" no es necesariamente una ruta pavimentada. También puede ser una pista invisible e impracticable a primera vista. Las pistas salvajes se borran año tras año por las inundaciones de la temporada de lluvias. Los que esperan a que sean reparadas pueden esperar sentados... los demás, nos lanzamos a la aventura, a riesgo de quedarnos atascados en el barro. 

Mareado en el país de las espinas

Pecando de ingenuidad, la noche anterior me quedé dormido enseguida y los chinches me masacraron la piel. Por la mañana, quise probar un remedio de la farmacopea de Madagascar: un ungüento de escorpión y hierba de limón, tan fresco como el insecto que todavía estaba en la botella, macerando.

El conductor frena en seco y me derramo la cura milagrosa sobre las rodillas. Detrás de nosotros, a pocos metros, corretean unas gallinas salvajes, y después desaparecen entre los matorrales.

El coche trota de derecha a izquierda, resbala, salta... pero no nos quedamos atascados. Parece que nuestro guía tiene un sexto sentido para las arenas movedizas y las va evitando con los vaivenes del coche.

El agua salada se pega a los neumáticos cada vez que pasamos por un charco. A bordo de un 4x4 de comportamiento casi anfibio recorremos una de las pistas más impracticables nunca vistas: las pistas salvajes de la costa oeste de Mada la terrible. Entre esra ruta irregular, el reto es imaginar qué bifurcación es la que nos lleva a buen destino.

@NowMadNow

Primera excursión tras la temporada de lluvias

Cuando la pista se abre, a final de la temporada de lluvias, el conductor sale a balizar la pista, que ha sido bañada por el agua y por las pezuñas del ganado cebú. De Morondava a Tulear hay casi 700 km de vías invisibles que hay que volver a trazar con nuestros neumáticos. Algunos días no se avanza a más de 14 km/hora. A pesar de su avanzada mecánica, el coche lleva la velocidad de un corredor de maratón.

El 4x4 chupa gasolina con facilidad, y nosotros aprovechamos cada parada para estirar nuestros músculos. El lento paso del tiempo me relaja y me proporciona sensaciones agradables. Dejo los ojos reposar sobre el paisaje en movimiento, y la laxitud de un road-tripmalagasy se apodera de mí a cada kilómetro que pasa.

Los taxis colectivos llegaán pronto, en algún momento, cargados hasta los topes de bolsas y de pasajeros. Pero por ahora, no hay duda de que somos los primeros en abrir la pista.

Con un vehículo insumergible no hacen falta puentes

Bajo las instrucciones de un "guía" que sale de repente de entre los arbustos, nos adentramos en el agua. El vehículo baila un poco, el motor zumba y el nivel del agua sube, pero seguimos por la pista invisible. Cruzamos un arroyo, el brazo de un río - y ya no salimos del asombro. Un subsidio para el "piloto", el vehículo no ha disminuido. Punto para el guía improvisado: el coche no se ha hundido.

La pista durada y su brusca sensualidad, después de una semana. Cuando las sacudidas del coche se acaben, sentiremos hasta mareo.

Aline Gernay
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Actualizado el 8 octubre 2015