En la República Checa, las distancias son pequeñas y la infinidad de cosas que ver es inmensa. Existen, pues, millones de razones para explorar los antiguos reinos de Bohemia (región de Praga) y Moravia (mitad oriental del país). Además, el transporte público, trenes y autobuses hacen que el viaje sea fácil y cómodo. Es innecesario insistir en pasar varios días visitando Praga, famosa por ser una de las ciudades más bellas del mundo, y con razón. Su arquitectura, su historia, su patrimonio cultural y su ambiente la convierten en un lugar único en el mundo. Pero al salir de la capital, se pueden encontrar paisajes y colinas, a veces encantadores, a veces salvajes, y muy populares entre los excursionistas, así como un sinnúmero de pequeños pueblos de arquitectura y con una rica historia. Por lo tanto, no lejos de Praga encontrarás la ciudad medieval de Kutná Hora, famosa por sus osarios y famosa por su hospody (cervecerías). Hacia el sur, cerca de la frontera con Austria, situada entre los pueblos y que da la impresión de estar inmerso en un tren dirección a un mundo idílico: Český Krumlov, que figura en un meandro del río Moldava. El casco antiguo medieval es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, o Slavonice, con sus fachadas renacentistas que tienen un aire de casas de muñecas.
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