Japón es un país que merece la pena visitar. Es exótico pero seguro, bonito, muy bien organizado y cuyos habitantes destacan por su amabilidad. El nuestro fue un viaje familiar (dos adultos y dos niños), en el que hicimos un recorrido de 15 días por la isla central, y visitamos lugares distintos. Viajar en invierno nos permitió disfrutar de los paisajes nevados de Kanazawa y Shirakawa-go, del monte Fuji y los maravillosos jardines de Kenrokuen.
Del papel de la agencia destacamos los contactos previos para diseñar el viaje, el Roadbook (muy claro y muy bien explicado todo) y todos los billetes para los desplazamientos y el traslado de equipaje, también muy bien organizado, así como el papel de los dos guías locales de Tokio y Kioto, que no solo nos acompañaron para un primer contacto con las ciudades, adaptándose a lo que preferíamos ver, sino que también hicieron de mediadores culturales, introduciéndonos a las peculiaridades de un país tan diferente a España.
De los contratiempos que surgieron, fue una decepción enterarnos a última hora de que no teníamos los fast pass para el parque de la Warner. Por otra parte, la agencia respondió con prontitud en el caso de uno de los traslados de maletas y en las dudas que nos surgieron respecto a cambios de billetes de tren. El principal escollo surgió con el hotel de Kioto, aunque finalmente se resolvió. Asimismo, la habitación del hotel a nuestro regreso a Tokio al final del viaje no tenía capacidad para cuatro personas, por lo que optamos por tomar una segunda habitación por nuestra cuenta.
A pesar de todo, hemos disfrutado mucho este viaje. Los niños se han entusiasmado con los barrios y las tiendas manga de Tokio, el Team lab, el parque de la Universal y la nieve. Los adultos, con los monumentos, los paisajes, las ciudades, la gente, el ryokan, la visión del monte Fuji desde el teleférico, y un onsen con el monte al fondo.
Sin duda, regresamos llenos de buenos recuerdos, que nos acompañarán durante mucho tiempo.