¿Qué ver y qué hacer en Parrita, Costa Rica?
Ubicada entre la costa Pacífica y la selva tropical, Parrita suele quedar a la sombra de sus vecinas más famosas, como Quepos o Manuel Antonio. Sin embargo, este pequeño pueblo agrícola esconde un concentrado de naturaleza en estado puro y vida local auténtica. Aquí se vive al ritmo de las mareas, los campos de palmeras y los cálidos vientos procedentes de los manglares. Perfecto para quienes buscan alejarse de las multitudes sin renunciar a la aventura.
1. Explora el de Damas en barco
Navegar por los brazos sinuosos del manglar del estuario de Damas es adentrarse en un mundo aparte. En cuanto el barco se aleja de la orilla, reina un silencio solo roto por los graznidos de una garza o el “poc” suave de los cangrejos rojos que se sumergen en el agua.
Deslízate entre las raíces entrelazadas de los manglares, buscando perezosos dormidos, boas discretas o curiosos monos capuchinos. Una experiencia tranquila, casi meditativa, ideal para amantes de la naturaleza. Una excursión fácil de hacer desde Parrita.
2. Relájate en la playa de Palo Seco
Una inmensa lengua de arena dorada bordeada de cocoteros, la playa Palo Seco es uno de los tesoros mejor guardados de la región. Aquí no hay tumbonas ni vendedores ambulantes, solo el horizonte y el vaivén de las olas.
Puedes caminar kilómetros y kilómetros sin cruzarte con nadie, ver cómo los pelícanos pescan al atardecer o extender tu toalla para un pícnic con los pies clavados en la arena tibia. Las olas son fuertes, perfectas para surfistas experimentados, o simplemente para sentarte a observar cómo el mar hace su magia.
3. Conoce a los artesanos en el mercado municipal
Cada día, el pequeño mercado municipal de Parrita cobra vida con un ambiente relajado. Frutas tropicales maduras, quesos caseros, mermeladas de mango, empanadas recién hechas: es el momento perfecto para probar la sencilla y deliciosa cotidianidad costarricense. Ve con calma para poder charlar con los vendedores, que suelen estar encantados de compartir una receta o una anécdota sobre sus productos.
4. Aprende la pesca tradicional con un guía local
Aquí, el mar sigue alimentando a las familias locales. Acompañar a un pescador durante una mañana te permitirá descubrir los gestos ancestrales de una actividad que marca la vida en la costa. Trampas para camarones entre las raíces, pesca con caña en el mar o redes lanzadas según la temporada y la marea. La experiencia suele culminar con una degustación improvisada en la playa, con el pescado del día asado al fuego. Lo rústico y lo auténtico quedan garantizados.
5. Recorre los senderos secretos de la reserva Rainmaker
Menos conocida que Manuel Antonio pero igual de espectacular, la reserva privada Rainmaker alberga una impresionante biodiversidad a solo 30 minutos en coche. Sus senderos húmedos cruzan puentes colgantes, bordean cascadas cubiertas de musgo y llevan a miradores sorprendentes sobre la selva.
Una ducha natural bajo uno de sus pozos de agua dulce te dejará como nuevo. La compañía de un guía experto asegura no perder detalles: aves tropicales, ranas rojas u orquídeas silvestres.
6. Prueba ceviches con los pies en la arena en el bar y restaurante Mar y Sol
Este pequeño restaurante local frente a las olas es el lugar favorito de los habitantes para un almuerzo tardío o un aperitivo mientras disfrutan del atardecer. El ceviche, preparado al momento con pescado fresquísimo, tiene toques de naranja, cilantro y lima que despiertan el paladar. Pide una cerveza local, siéntate en un banco de madera y deja que el tiempo pase. Aquí todo es más pausado, y eso se agradece.
En Parrita no necesitas un programa apretado. Solo un hamaca, curiosidad en la mirada y ganas de desacelerar. Nuestras agencias locales asociadas conocen cada rincón del lugar y estarán encantadas de llevarte lejos de los clichés y muy cerca de la esencia auténtica de Costa Rica.
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