1. Explora el parque nacional de Corcovado
Navega en bote temprano por la mañana entre los manglares aún cubiertos de neblina, camina por los senderos del Corcovado mientras escuchas la llamada gutural del mono aullador, observa cómo un tapir cruza el camino a pocos metros: el parque nacional Corcovado es una de las mayores reservas de biodiversidad del mundo. Aquí, la selva es brutalmente salvaje, llena de verdor, humedad y vida.
Con un guía naturalista experimentado, emprende una caminata de varias horas (o una expedición de varios días) en el corazón de este santuario tropical. Tal vez veas guacamayas rojas, perezosos, ranas multicolores y, si tienes suerte, un jaguar. No es un paseo sin más, es una aventura inolvidable.
2. Bucea o haz snorkel en la isla de Caño
A una hora en barco desde la bahía de Drake, se encuentra la isla de Caño, un pequeño mundo submarino que parece un santuario. El agua es cristalina, azul turquesa, acariciada por bancos de peces multicolores, mantarrayas y hasta tiburones de punta blanca. Para los amantes del buceo o del snorkel, es una parada obligatoria.
Guiado por instructores apasionados y respetuosos con el medio ambiente, podrás explorar arrecifes de coral bien conservados, recorrer formaciones rocosas impresionantes y cruzarte con grandes tortugas verdes. Entre una palmeada y otra, el silencio submarino y el suave baile de los peces te dejarán atónito.
3. Haz una excursión marítima para observar delfines y ballenas
De julio a octubre, y a veces de diciembre a marzo, se presenta un espectáculo impresionante para los viajeros en la bahía de Drake: las ballenas jorobadas llegan a dar a luz en las aguas cálidas del Pacífico. Súbete a un pequeño barco local, cruza el mar esmeralda y busca una exhalación, una aleta o una cola gigante abriéndose paso entre las olas: un momento de pura magia.
El resto del año, los delfines residentes, especialmente los grandes delfines y los delfines moteados, ofrecen este espectáculo sin igual. Observar estos mamíferos marinos en su hábitat natural, lejos del bullicio de los destinos turísticos, es una emoción rara y valiosa.
4. Rema por el manglar de Río Sierpe
Silencio. Solo el suave chapoteo de tu remo, el lejano canto de un tucán y el susurro de un iguana en las ramas. En kayak sobre las aguas tranquilas del manglar del río Sierpe, te deslizas entre raíces aéreas, mangle centenario y un ecosistema tan frágil como fascinante.
Es una excursión tranquila e inmersiva, que se disfruta al ritmo pausado de la naturaleza local. Un guía local te revela los secretos de este laberinto vegetal: cangrejos violinistas, basiliscos “Jesús Cristo” que corren sobre el agua e incluso algunos cocodrilos, aunque discretos. Ideal para reconectar con lo esencial.
5. Relájate en playas vírgenes
No hay una sola tumbona a la vista. En la bahía de Drake, las playas se mantienen en su estado natural, bordeadas por selva húmeda y palmeras dobladas por el viento. La playa San Josecito, accesible a pie o en barco, es una joya del lugar: arena dorada, agua tibia y transparente, corales cerca de la orilla y, a veces, monos capuchinos saltando entre los árboles.
Es el tipo de lugar donde el tiempo se detiene. Lee a la sombra, haz un pícnic en una calita o refréscate en el océano cada vez que el sol apriete demasiado. Lejos del mundo, cerca de ti mismo.
6. Observa aves al amanecer
Sentado en el balcón de tu lodge de madera, con un café humeante entres las manos, frente a un dosel que se mueve: es el momento especial en que los pájaros despiertan. La bahía de Drake es también el paraíso para los ornitólogos aficionados. Más de trescientas cincuenta especies de aves habitan la región.
Colibrí brillante, tucán de pico arcoíris, halcón risueño o tangara escarlata, los colores resaltan en el follaje aún mojado por el rocío. Para profundizar, únete a una salida matutina con un guía local y unos prismáticos al hombro: cada trino te acercará más a esta naturaleza viva y generosa.
Haz una parada en la bahía de Drake durante un viaje a medida por Costa Rica
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