Viaje a Drake Bay

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Al amanecer, los monos aulladores te despiertan antes de que la selva cobre vida poco a poco.

Visitar Drake Bay

Visitar la bahía de Drake (o Drake Bay) en Costa Rica es sumergirse en un mundo donde la jungla se une al océano en un espectáculo de verdes y azules. Frente a la península de Osa, este rincón apartado es uno de los tesoros más maravillosos del país.

En la bahía de Drake, los caminos de tierra se cruzan con el canto de los monos aulladores, las playas vírgenes se extienden bajo las palmeras y la vida marina baila alrededor de la isla del Caño. Aquí no hay carreteras asfaltadas, sino senderos salvajes que llevan a la zona sur del parque Corcovado. Déjate llevar hasta el fin del mundo y descubre la magia de este lugar único.

  • Isla
  • Relajación
  • Etapa de senderismo / Trek

Drake Bay : ¿Cómo llegar?

La bahía de Drake se encuentra en la costa pacífico suroeste de Costa Rica, en la península de Osa, a las puertas del parque nacional Corcovado, uno de los más salvajes del país.

Drake Bay : ¿Cuándo viajar?

La mejor época para viajar a la Drake Bay es de diciembre a abril: es la temporada seca, perfecta para explorar el parque Corcovado, con menos lluvia y menos mosquitos.

Drake Bay : ¿Por cuánto tiempo?

Cuenta con quedarte al menos tres o cuatro días en la bahía de Drake, el tiempo ideal para explorar el parque Corcovado y hacer una excursión a la isla Caño.

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¿Qué ver y qué hacer en la bahía de Drake?

1. Explora el parque nacional de Corcovado

Navega en bote temprano por la mañana entre los manglares aún cubiertos de neblina, camina por los senderos del Corcovado mientras escuchas la llamada gutural del mono aullador, observa cómo un tapir cruza el camino a pocos metros: el parque nacional Corcovado es una de las mayores reservas de biodiversidad del mundo. Aquí, la selva es brutalmente salvaje, llena de verdor, humedad y vida.

Con un guía naturalista experimentado, emprende una caminata de varias horas (o una expedición de varios días) en el corazón de este santuario tropical. Tal vez veas guacamayas rojas, perezosos, ranas multicolores y, si tienes suerte, un jaguar. No es un paseo sin más, es una aventura inolvidable.

2. Bucea o haz snorkel en la isla de Caño

A una hora en barco desde la bahía de Drake, se encuentra la isla de Caño, un pequeño mundo submarino que parece un santuario. El agua es cristalina, azul turquesa, acariciada por bancos de peces multicolores, mantarrayas y hasta tiburones de punta blanca. Para los amantes del buceo o del snorkel, es una parada obligatoria.

Guiado por instructores apasionados y respetuosos con el medio ambiente, podrás explorar arrecifes de coral bien conservados, recorrer formaciones rocosas impresionantes y cruzarte con grandes tortugas verdes. Entre una palmeada y otra, el silencio submarino y el suave baile de los peces te dejarán atónito.

3. Haz una excursión marítima para observar delfines y ballenas

De julio a octubre, y a veces de diciembre a marzo, se presenta un espectáculo impresionante para los viajeros en la bahía de Drake: las ballenas jorobadas llegan a dar a luz en las aguas cálidas del Pacífico. Súbete a un pequeño barco local, cruza el mar esmeralda y busca una exhalación, una aleta o una cola gigante abriéndose paso entre las olas: un momento de pura magia.

El resto del año, los delfines residentes, especialmente los grandes delfines y los delfines moteados, ofrecen este espectáculo sin igual. Observar estos mamíferos marinos en su hábitat natural, lejos del bullicio de los destinos turísticos, es una emoción rara y valiosa.

4. Rema por el manglar de Río Sierpe

Silencio. Solo el suave chapoteo de tu remo, el lejano canto de un tucán y el susurro de un iguana en las ramas. En kayak sobre las aguas tranquilas del manglar del río Sierpe, te deslizas entre raíces aéreas, mangle centenario y un ecosistema tan frágil como fascinante.

Es una excursión tranquila e inmersiva, que se disfruta al ritmo pausado de la naturaleza local. Un guía local te revela los secretos de este laberinto vegetal: cangrejos violinistas, basiliscos “Jesús Cristo” que corren sobre el agua e incluso algunos cocodrilos, aunque discretos. Ideal para reconectar con lo esencial.

5. Relájate en playas vírgenes

No hay una sola tumbona a la vista. En la bahía de Drake, las playas se mantienen en su estado natural, bordeadas por selva húmeda y palmeras dobladas por el viento. La playa San Josecito, accesible a pie o en barco, es una joya del lugar: arena dorada, agua tibia y transparente, corales cerca de la orilla y, a veces, monos capuchinos saltando entre los árboles.

Es el tipo de lugar donde el tiempo se detiene. Lee a la sombra, haz un pícnic en una calita o refréscate en el océano cada vez que el sol apriete demasiado. Lejos del mundo, cerca de ti mismo.

6. Observa aves al amanecer

Sentado en el balcón de tu lodge de madera, con un café humeante entres las manos, frente a un dosel que se mueve: es el momento especial en que los pájaros despiertan. La bahía de Drake es también el paraíso para los ornitólogos aficionados. Más de trescientas cincuenta especies de aves habitan la región.

Colibrí brillante, tucán de pico arcoíris, halcón risueño o tangara escarlata, los colores resaltan en el follaje aún mojado por el rocío. Para profundizar, únete a una salida matutina con un guía local y unos prismáticos al hombro: cada trino te acercará más a esta naturaleza viva y generosa.

Haz una parada en la bahía de Drake durante un viaje a medida por Costa Rica

Viajar con Evaneos significa contar con la experiencia de agentes locales hispanohablantes, que viven directamente en Costa Rica. Apasionados por su país, conocen cada rincón, desde los senderos secretos de la selva de Corcovado hasta las playas vírgenes de la bahía de Drake. Gracias a ellos, evitas rutas saturadas y disfrutas de un viaje pensado exclusivamente para ti.

Escuchan tus deseos, tu ritmo y tu prioridades. Ya sea en familia, en pareja o con amigos, tu viaje está cien por cien personalizado, con experiencias auténticas, alojamientos cuidadosamente seleccionados y encuentros significativos.

Drake Bay: ver nuestros circuitos

Drake Bay : información práctica

Desde San José, lo más sencillo es tomar un vuelo nacional hasta el aeródromo de bahía de Drake (menos de una hora). Si prefieres carretera y mar, cuenta con entre seis y ocho horas de viaje hasta Sierpe, y luego alrededor de una hora en barco atravesando el manglar. Esta última es la opción más pintoresca y sostenible para llegar a la península de Osa.

El acceso a la bahía de Drake es libre, no se cobra ningún tipo de entrada. Sin embargo, algunas actividades o visitas cercanas, como el parque nacional Corcovado, sí tienen coste. Para explorar la naturaleza de los alrededores, calcula un presupuesto según las excursiones que elijas: tu agencia local te puede ayudar a planearlo.

La bahía de Drake es un espacio natural costero abierto todo el tiempo, sin horarios específicos de visita. No obstante, para recorrer las principales atracciones como el parque nacional Corcovado o la isla del Caño, hay circuitos guiados que suelen salir entre las seis de la mañana y las cuatro de la tarde. Consulta con tu agencia local para conocer los horarios exactos.

Sí, te puedes bañar en la bahía de Drake, pero con precaución. El agua es templada y azulada. Las playas están rodeadas de jungla, a menudo desiertas y casi vírgenes. Eso sí, las corrientes pueden ser fuertes y la marejada imprevisible, sobre todo en temporada de lluvias. Opta por pequeñas calas como la playa San Josecito, protegida e ideal para un baño tranquilo o una sesión de snorkel, con la máscara puesta y rodeado de peces tropicales.

La bahía de Drake es ese rincón del mundo suspendido entre la jungla y el Pacífico, donde la naturaleza parece susurrar a los aventureros. Tanto en tierra como en mar, la fauna es abundante y espectacular:

  • Monos aulladores, capuchinos y ardillas, siempre en movimiento entre las lianas.
  • Perezosos aferrados a las ramas, discretos pero tiernos.
  • Tucanes y guacamayos rojos que pintan el cielo con sus gritos vibrantes.
  • Delfines moteados y ballenas jorobadas que bailan en las aguas de agosto a octubre.
  • Tapires y jaguarundis, más raros, pero que a veces merodean en la sombra del Corcovado.

En Drake Bay, la jungla parece susurrar a cada paso. La flora es exuberante y casi indómita. Aquí tienes algunas maravillas vegetales que puedes encontrar caminando por un sendero o desde la terraza de tu alojamiento:

  • Ficus estranguladores: enormes enredaderas que aprietan a los árboles anfitriones hasta asfixiarlos, formando unas esculturas vegetales impresionantes.
  • Heliconias rojas y amarillas, cuyas brácteas brillan como antorchas entre el follaje oscuro.
  • Orquídeas silvestres, a veces diminutas y casi invisibles, que sorprenden con su delicadeza única.
  • Palmas enormes, como el corozo o la sabal, con hojas que susurran al mínimo soplo de viento.
  • Árboles centenarios, como la ceiba o el almendro tropical, auténticos pilares de un ecosistema vivo en varios niveles.

Para una estancia en la bahía de Drake, los viajeros pueden hospedarse directamente en los pueblos locales, muy cerca de las salidas hacia el parque nacional Corcovado y las islas cercanas. Comunidades pequeñas como Agujitas (el centro del pueblo) o lodges aislados en la playa de San Josecito ofrecen entornos idílicos, entre jungla exuberante y costas preservadas.

Nuestros agentes locales de Evaneos, que viven en la región, conocen las mejores direcciones. Desde cabañas en la copa de los árboles hasta posadas gestionadas por familias comprometidas con el turismo sostenible, te recomendarán alojamientos auténticos y responsables, en armonía con la naturaleza que los rodea.

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