Ubicado en el extremo sur de la península de Nicoya, Montezuma es una joya de Costa Rica, discreta y bohemia, de la que se vuelve transformado. Entre selva exuberante, playas de arena dorada y un ambiente relajado, este pequeño pueblo costero es un lugar ideal para viajeros y viajeras con curiosidad por la naturaleza, con ganas de tener encuentros auténticos y de vivir momentos suspendidos en el tiempo. Aquí tienes diez experiencias que vivir en Montezuma.
1. Camina hasta la cascada de Montezuma
Un sendero discreto comienza detrás del pueblo, bordea un río, cruza puentes de madera y te sumerge en una selva densa y vibrante. Tras 20 o 30 minutos de caminata, aparece el espectáculo: una poderosa caída de agua de más de 20 metros de altura que desemboca en una poza natural. Perfecto para un baño que despierta todos los sentidos. Más arriba, otras pequeñas cascadas esperan a los más curiosos, con piscinas naturales donde sumergirse como si se tratase de un spa salvaje.
2. Explora la reserva natural Cabo Blanco
Primer parque natural de Costa Rica, Cabo Blanco es un tesoro protegido a solo 10 kilómetros de Montezuma. Por sus senderos sombreados, quizá te encuentres con coatíes, monos aulladores o agutíes.
Al final, te espera una playa remota, azotada por el viento. Con un silencio casi absoluto, solo oirás el sonido del oleaje. A veces parece que somos los primeros humanos en pisarla. El parque cierra lunes y martes, así que reserva al menos media jornada de los demás días de la semana para perderte por allí.
3. Relájate en Playa Grande
A solo 30 minutos a pie al norte del pueblo, Playa Grande hace honor a su nombre: casi dos kilómetros de arena dorada, bordeada de palmeras y selva, con las mejores olas para practicar surf.
Aquí no hay hamacas ni hoteles ostentosos, solo algunos perros callejeros, cangrejos que trazan sus surcos y el tiempo que se estira como un chicle. Un sitio ideal al atardecer, con el horizonte en llamas y los pies en la arena aún tibia.
4. Iníciate en el surf
Montezuma no es Tamarindo, y eso es una ventaja. Aquí no hay aglomeraciones y las olas son suaves y regulares: perfectas para principiantes. Dirígete a Playa Grande, donde varias escuelas locales ofrecen clases en grupos reducidos, con atención muy personalizada. Incluso los niños pueden empezar, con tablas adaptadas. Viviréis unos momentos de risas, caídas al agua y de sentirse intensamente vivo.
5. Haz una excursión al parque de Curú y a la isla Tortuga
Desde Montezuma, haz una excursión en barco que combine naturaleza y descanso. La primera parada es la reserva natural Curú, un área privada reconocida por su biodiversidad. Es uno de los mejores lugares de Costa Rica para observar de cerca monos capuchinos de cara blanca, iguanas verdes y mapaches.
Luego pon rumbo a la isla Tortuga, un auténtico paraíso tropical. Sus aguas turquesas y cristalinas son perfectas para practicar snorkel: nadarás rodeado de peces ángel, cirujanos y coloridos arrecifes de coral. Nuestras agencias locales te ayudarán a organizar estas excursiones 100% naturales.
6. Prueba la cocina local y fusión
En el pequeño centro de Montezuma, los restaurantes no resultan especialmente llamativos, pero esconden grandes sorpresas. Toldos de playa iluminados con faroles, pequeños lugares ocultos en la naturaleza… Aquí se disfruta una cocina intuitiva y siempre generosa. Sabores de todo el mundo se mezclan con productos tropicales locales: ceviche de maracuyá, tacos de pescado a la parrilla, batidos de guayaba y mango, y mucho más.
7. Observa las tortugas en la playa de Romelia
Al caer la noche, ve a la playa de Romelia, al sur del pueblo de Montezuma. Más salvaje que las demás, es escenario de un espectáculo poco común: la anidación de tortugas marinas. Hay voluntarios que se encargan de cuidar un pequeño centro de conservación, y a veces es posible asistir, sin molestar, a estos momentos mágicos. Ver a una tortuga desovar, o mejor aún, a sus crías dirigirse al océano, produce un escalofrío tremendo. Una bella lección de naturaleza para vivir en silencio total.
8. Asiste a una clase de yoga en la selva
En Montezuma, incluso los saludos al sol se hacen bajo los gritos de los monos aulladores. Algunos centros de yoga están en la ladera de una colina, con vistas al mar, suelo de madera y un ambiente de oasis.
Allí te estiras, te conectas y respiras lejos del bullicio y las aglomeraciones. Las sesiones al amanecer son momentos de paz perfectos para empezar el día en armonía. También se organizan retiros más largos en los alrededores.
9. Pasea a caballo por las alturas de Montezuma
Cuando sube la marea, cambiamos las playas por las colinas. Varios establos locales ofrecen paseos a caballo para todos los niveles, con caballos bien cuidados y acostumbrados al terreno. Subes entre plantaciones, recorres ríos y atraviesas bosques frondosos. A veces aparecen las vistas sobre el Pacífico y el verde resplandece bajo la luz rasante del atardecer. Una forma preciosa de descubrir el interior del país.
10. Deambula por el mercado artesanal
Cada sábado por la mañana, artistas y artesanos del pueblo exhiben sus creaciones sobre coloridos manteles en el corazón de Montezuma, a pocos pasos de la playa. Joyas hechas a mano, telas pintadas, objetos tallados, remedios naturales… Aquí se viene tanto para comprar como para conocer en profundidad. Un paseo por el mercado es una hermosa inmersión en esta comunidad llena de color, de espíritu libre y encanto.
Con sus playas infinitas, su selva viva y su luz dorada, Montezuma toca algo profundo. No es solo un paisaje, es un estilo de vida. Los viajeros y viajeras que se detienen aquí rara vez se van con las manos vacías: se llevan un poco de esa magia tranquila, de esa lentitud contagiosa. Si quieres probarla, solo depende de ti.
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