Shanghái no deja a nadie indiferente: los rascacielos del Bund y el barullo de la avenida de Nankín son claros ejemplos del dinamismo de la ciudad. Pero a la vez te impregnas de la esencia de China al pasear por los patios interiores y Lilong, con sus callejuelas empedradas, típicas de la ciudad. Shanghái es, finalmente, una ciudad famosa por su gastronomía: todo un placer para el paladar
Auténticos testimonios de su época, los templos nos cuentan mucho acerca de las costumbres de su pueblo a través de los siglos. Nos ayudan a comprender cómo estaba organizada la sociedad, cuáles eran sus creencias y cómo vivía su gente.
China presenta paisajes tan variados que me sería imposible describir todas las particularidades de su geografía. Con más de 5000 km de distancia entre una frontera y otra, numerosos relieves dan cobijo a sus habitantes. El este está conformado sobre todo por llanuras fértiles, montañas y costa. Al oeste, mesetas onduladas, montañas, desiertos y estepas.
¿Qué sería Shanghái sin el Bund? Probablemente, algo así como París sin los Campos Elíseos. La vista desde lo alto de los edificios ubicados en la ribera del río Huangpu es para mí uno de los símbolos de la China contemporánea. Entre su arquitectura y su mestizaje cultural, se puede decir que este lugar es un libro abierto que narra la historia de la ciudad.