En Costa Rica, además de haber un sinfín de paisajes exuberantes, el viaje por el país es una oportunidad ideal para apoyar directamente a las comunidades locales, fortalecer tradiciones culturales y contribuir a la conservación del medioambiente.
En Mi Cafecito, en la región de Sarapiquí, los productores de café han unido fuerzas para crear un proyecto cooperativo que les permite compartir su trabajo con viajeros de todo el mundo. Durante la visita, conocerás el proceso del café desde la semilla hasta la taza, disfrutarás de una comida típica con pescado de crianza local y podrás adquirir productos artesanales elaborados por la comunidad. Todo lo recaudado ayuda a impulsar la economía local y abre nuevas oportunidades para agricultores y artesanos.
En Life Monteverde, una cooperativa compuesta por doce familias, el turismo se basa en la sostenibilidad, la educación y la conexión con la naturaleza. Su finca de 42 hectáreas combina producción de café, conservación ambiental y formación para estudiantes y agricultores. A través de un recorrido interactivo y una comida "de la granja a la mesa", los visitantes conocen de cerca cómo el turismo puede proteger ecosistemas y fortalecer comunidades.
En el remoto pueblo de Yorkín, al que se accede en canoa por el río, la asociación Stibrawpa invita a los viajeros a convivir con el pueblo bribri. Allí se promueven actividades como caminatas por la selva tropical, visitas a cultivos ecológicos y talleres culturales. Este modelo de turismo responsable ayuda a preservar la cultura indígena ancestral, proteger la biodiversidad y generar ingresos sostenibles para los lugareños.
Estas tres experiencias representan lo mejor del turismo comunitario en Costa Rica: respetuoso, regenerativo y articulado desde el liderazgo local. En Costa Rica puedes no solo explorar el territorio, sino también apoyar a su gente, su cultura y su porvenir.