1. Explora el archipiélago de Breiðafjörður en barco
Navegar entre los cientos de islotes salvajes del Breiðafjörður es sumergirte en un mundo protegido que pocos viajeros conocen. Desde Stykkishólmur, embarca en una excursión marítima para descubrir un archipiélago misterioso formado por islas desiertas, grandes colonias de aves marinas y playas que solo visitan los charranes árticos y las focas. Surca un mar tranquilo salpicado de rocas cubiertas de algas, con las montañas dentadas de la península de Snæfellsnes como telón de fondo.
De mayo a septiembre, a veces incluso se pescan vieiras frescas desde el barco, para que puedas probarlas a bordo. Todo ello en el silencio salino del fiordo.
2. Visita la isla de Flatey, a medio camino entre la historia y el silencio
Tomar el ferry Baldur entre Stykkishólmur y Brjánslækur es también la oportunidad perfecta para hacer una parada en Flatey, la única isla habitada del Breiðafjörður. Aquí no hay coches ni aglomeraciones: solo unas pocas casas de colores, un antiguo monasterio y una biblioteca histórica. La isla parece detenida en el tiempo. Pasea por el único sendero que conecta el pequeño puerto con la zona sur, en medio de praderas, charranes y gansos grises.
Flatey es también un tesoro cultural: conserva manuscritos antiguos que en su día copiaron monjes benedictinos. Pasar una noche en el hotel de la isla garantiza una calma total, con los cantos de las aves como únicos compañeros.
3. Observa las aves en su santuario natural
Breiðafjörður es un paraíso para los amantes de la ornitología. En primavera, los islotes fértiles se llenan de fulmares boreales, cormoranes moñudos y araos comunes. Pero la verdadera estrella es el frailecillo común, con sus mejillas de payaso y su pico colorido. Anida aquí a partir de mayo.
Cerca de los acantilados de Stykkishólmur o durante una excursión a las islas, puedes acercarte a estas especies sin molestarlas, con unos prismáticos y mucha paciencia. En verano, los gritos, vuelos y despliegues nupciales crean una auténtica sinfonía salvaje. Un espectáculo vivo, poético y muy conectado con el ritmo de las estaciones del norte.
4. Haz senderismo entre mar y montañas en un fiordo secreto
La costa de Breiðafjörður alterna entre cabos aislados, calas íntimas y montañas suaves. Desde Rauðisandur, Ólafsvík, Stykkishólmur o el valle de Vatnsfjörður, varios senderos te permiten explorar estos paisajes en profundidad. Subirás suavemente a mesetas de hierba densa, admirarás el océano salpicado de islas y luego descenderás hasta calas solitarias donde a veces pastan curiosos zorros polares.
Estos paseos son un regalo para quienes aman la naturaleza en estado puro: muchas veces caminarás solo, acompañado únicamente por el viento, el vaivén del mar y el eco de tus pasos sobre el musgo húmedo.
5. Date un baño en una fuente termal oculta
Si hay una recompensa tras una larga caminata, esta es descubrir las fuentes termales de Breiðafjörður. Ve a Sundlaugin Laugarnesi Birkimel o a Hellulaug: piscinas naturales, a veces cerca del mar, alimentadas por aguas geotérmicas y cuidadas por los vecinos. El agua emana vapor suavemente bajo la brisa del norte, con una temperatura cercana a los 38 grados.
Solo tienes que sumergirte y levantar la mirada: frente a ti, el océano Ártico, las aves, las nubes que pasan. En estos baños rústicos, sin vallas ni taquillas, tocas con tu propia mano el alma islandesa y su conexión natural con los elementos.
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