1. Admirar la majestuosa cascada de Skógafoss
Con sus 60 metros de altura y su cortina de agua perfectamente recta, Skógafoss te deja boquiabierto. Desde abajo, el estruendo de la caída retumba en el pecho y las gotas forman a menudo un arcoíris, como una promesa congelada al pie de la montaña. También es un lugar ideal para fotógrafos, especialmente al amanecer, cuando la luz baila sobre las gotas. Para cambiar de perspectiva, sube la escalera hasta la cima: la vista de la costa sur es espectacular.
2. Hacer senderismo por el camino de Fimmvörðuháls
El camino de Fimmvörðuháls comienza justo detrás de la cascada de Skógafoss. Este sendero de 25 kilómetros conduce hasta Þórsmörk, en pleno corazón de las Tierras Altas, pasando entre dos glaciares. Se trata de una sucesión impresionante de 26 cascadas, flujos de lava solidificada, crestas dentadas y valles de ceniza negra. Algunos lo recorren en un solo día, mientras otros prefieren disfrutarlo en dos jornadas durmiendo en refugios. Una caminata inolvidable para amantes de los paisajes en estado puro.
3. Explorar el museo de Skógar
Un concentrado de cultura islandesa que no puedes perderte. El museo de Skógar es una verdadera inmersión en la vida cotidiana de los islandeses de antaño. Allí descubrirás granjas reconstruidas con tejados de turba, objetos tradicionales, barcas de pesca e incluso una antigua escuela. El interior de las casas, amueblado con detalle, narra la vida dura pero ingeniosa de las familias islandesas. Al lado, el museo de transportes y tecnología completa la visita con vehículos y radios antiguas.
4. Dejarte sorprender por la cascada de Kvernufoss
Menos conocida que su vecina Skógafoss, Kvernufoss es un verdadero tesoro. Se llega caminando en 15 minutos desde el museo, siguiendo un pequeño cañón que desemboca en una caída de agua entre acantilados cubiertos de musgo. La experiencia es casi íntima: a menudo estarás solo. Lo mejor es que puedes pasar detrás de la cascada, sentir cómo el agua vibra a tu alrededor y disfrutar de un momento suspendido en el tiempo, entre ráfagas de viento y salpicaduras de agua fresca.
5. Dormir en un alojamiento al pie de la cascada
Pasar la noche a pocos pasos de Skógafoss es dormirse al ritmo constante de la caída, como un tambor lejano. Varias casas de huéspedes y hoteles sostenibles bordean el río, con vistas directas a este gigante de agua. En invierno, puedes incluso contemplar auroras boreales desde la comodidad de un baño caliente privado. En verano, las largas luces del crepúsculo bañan tu cena con un resplandor dorado. Una noche llena de poesía, la combinación perfecta entre naturaleza y confort.
6. Probar un fish and chips en Mia's Country Grill (Sveitagrill Miu)
Cerca de la cascada, escondida en un remolque de madera roja, Mia prepara unos fish and chips absolutamente legendarios, con una fama más que merecida. También ofrecen pan recién hecho, pasteles caseros y un chocolate caliente ideal para los días lluviosos. La bienvenida es agradable, a veces acompañada por un toque de guitarra islandesa.
7. Ir en busca de leyendas vikingas
Según la leyenda, un cofre lleno de oro está escondido detrás de Skógafoss, dejado allí por Þrasi Þórólfsson, un jefe vikingo. Se dice que un anillo del cofre fue encontrado por un niño, y hoy adorna una de las puertas del museo de Skógar. Cada piedra en esta zona cuenta su propia historia. Los guías locales, auténticos narradores nórdicos, saben contar de la mejor manera estos relatos fantásticos, entre folclore, magia y tradiciones ancestrales.
8. Observar frailecillos en Dyrhólaey (a pocos kilómetros)
A solo veinte minutos en coche desde Skógar, la península de Dyrhólaey es un lugar ideal para admirar a los famosos frailecillos entre mayo y agosto. Estos pajaritos de pico colorido anidan en los acantilados, completamente impasibles ante el viento que azota el cabo. Desde lo alto, la vista de las playas de arena negra de Reynisfjara es hipnótica. Allí se siente el latir de la Islandia más salvaje frente al océano infinito.
9. Fotografiar la cascada de Skógafoss bajo las estrellas
Cuando cae la noche, Skógafoss se transforma. La cascada parece deslizarse silenciosa en la oscuridad, mientras el cielo despejado se llena de estrellas. En invierno, el lugar se convierte en un escenario perfecto para las auroras boreales. La ausencia de contaminación lumínica lo convierte en un punto privilegiado para fotógrafos de paisajes nocturnos. Coloca tu trípode, configura la larga exposición y espera. A veces, un verde fluorescente aparece, surgen unas cintas de luz que giran y el silencio de Skógafoss te envuelve.
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