¿Qué ver y hacer en Kirkjubæjarklaustur, Islandia?
Perdido entre montañas cubiertas de musgo, campos de lava y cascadas, Kirkjubæjarklaustur, ubicado al sur de Islandia, parece salido de un antiguo cuento. Mucho más que una simple parada entre Vík y el parque nacional del Vatnajökull, este pequeño pueblo guarda mil historias. Desde monjas de la Edad Media hasta coladas de lava petrificada, todo aquí habla de la intimidad de un territorio donde la naturaleza y la espiritualidad se entrelazan. Aquí tienes nueve sugerencias para descubrir Kirkjubæjarklaustur de una forma diferente, a través de experiencias intensas y auténticas, algunas espectaculares y otras más modestas, pero todas ellas inolvidables.
1. Camina sobre los adoquines del cielo en Kirkjugólf
A pocos metros del centro del pueblo, emerge del suelo verde un extraño mosaico de basalto: el Kirkjugólf, que significa literalmente “el suelo de la iglesia”. Aquí, la naturaleza imita la arquitectura humana. No son restos de un santuario, sino columnas basálticas erosionadas, parecidas a un pavimento medieval congelado bajo la hierba. La leyenda cuenta que las monjas venían a rezar aquí. Es un lugar tranquilo y singular, ideal para un breve paseo justo antes del atardecer.
2. Descubre los misterios del monasterio medieval
Kirkjubæjarklaustur debe su nombre a un monasterio benedictino fundado en 1186. Al recorrer la pequeña iglesia actual, descubrirás un lugar de memoria, entre tumbas antiguas y espacios de recogimiento. Pide a un guía local o a un habitante entusiasta que te cuente las leyendas sobre las monjas; son muchas y ofrecen una inmersión mística en la historia secreta del curioso cristianismo islandés.
3. Sube a Systrastapi, la Roca de las Hermanas
Ponte unas buenas botas de senderismo para conquistar Systrastapi, un promontorio solitario que domina las llanuras cercanas. Según la tradición, dos hermanas condenadas a muerte por herejía fueron ejecutadas aquí. La cima, azotada por el viento, ofrece una vista despejada sobre los campos negros de lava y las cascadas cercanas. Sentirás una energía pura, bastante salvaje. Aprovecha el silencio mineral para dejar que tu imaginación navegue entre pasado y presente.
4. Contempla la cascada de Systrafoss
Frente al pueblo, Systrafoss cae en dos hilos plateados desde la meseta de Geirland. Escucharás su murmullo antes de verla. Sigue el sendero que sube despacio por el acantilado para admirarla desde arriba. Allí arriba te espera un pequeño lago glaciar, Systravatn, perfecto para una pausa refrescante. De regreso, detente frente a la cascada: las vibraciones del agua sobre las piedras generan una sensación casi meditativa.
5. Explora las formaciones volcánicas de Lakagígar
A unos cincuenta kilómetros por una carretera solo accesible con un coche adecuado (o con un guía local que conozca bien las particularidades de la F206) se extiende un campo de cráteres impresionante: Lakagígar, resultado de una de las erupciones más grandes de la historia, en 1783. Aquí te sentirás diminuto. Los cráteres se alinean sobre una falla de 25 kilómetros, cubierta de un musgo verde neón y salpicada de lagos ácidos. La primera impresión es de pisar la luna, una sensación casi hostil, pero de una belleza que te deja estupefacto. Un sitio imprescindible para amantes de los paisajes extremos.
6. Haz senderismo por las gargantas de Fjaðrárgljúfur
A unos diez minutos en coche desde Kirkjubæjarklaustur, te espera Fjaðrárgljúfur con sus acantilados recortados, de hasta 100 metros de altura. Esta garganta tallada por el tiempo es uno de los secretos mejor guardados del sur de Islandia. Una pasarela segura permite seguir sus sinuosos caminos, sobre un río cristalino por donde a veces bailan los salmones. Por la mañana, la niebla cubre las paredes y esto le da al lugar un toque de magia nórdica particular. Ideal para una escapada contemplativa o una foto memorable.
7. Recorrer las arenas negras de Laufskálavarða
En la ruta hacia Vík, Laufskálavarða surge como un extraño campo de piedras y montículos, colocados aquí durante varias generaciones de viajeros. Alrededor se extiende un desierto negro hasta el horizonte, salpicado de manchas de musgo verde claro. El lugar es silencioso, casi sagrado.
8. Observa las auroras boreales desde una colina secreta
Lejos de la contaminación lumínica, Kirkjubæjarklaustur es uno de los mejores sitios en invierno para ver las auroras boreales. Sal del pueblo, busca una colina cubierta de hierba o un mirador algo elevado y ponte a esperar. El cielo comienza a romperse. Verde, rosa, violeta. El silencio es absoluto, solo roto por el ruido de tu propia respiración. Los viajeros lo saben bien: aquí, ver una aurora no es un espectáculo más, es toda una revelación.
9. Prueba un skyr casero en una granja
Porque descubrir un país también pasa por sus sabores, visita una granja familiar en las afueras de Kirkjubæjarklaustur. Allí crían vacas, cultivan hierbas medicinales y, sobre todo, elaboran skyr casero. Nada que ver con el de los supermercados: es más denso, suave y vivo. Rociado con un poco de miel y acompañado de pan de cebada hecho en piedra, es el tentempié perfecto. La bienvenida es cálida y sincera, como suele ocurrir en la Islandia rural.
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Kirkjubæjarklaustur no es solo un alto en el camino, es un verdadero concentrado de Islandia. Salvaje, espiritual, volcánica y acogedora a la vez. Si solo la atraviesas a la ligera, te perderás sus sutiles curiosidades. Así que tómate tu tiempo, camina, escucha. Y deja que el lugar te hable.
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