1. Explora las granjas de cría de caballos islandeses
Aquí, en el valle de Skagafjörður, late el corazón de la cultura ecuestre islandesa. Este fértil fiordo es famoso en todo el país por la calidad de sus caballos: pequeños, resistentes y con un trote único llamado tölt. Varias granjas abren sus puertas a viajeros curiosos. Es la oportunidad perfecta para acercarte a estos animales orgullosos y a la vez dóciles, montarlos para dar un paseo por el valle o simplemente aprender más sobre su historia y su papel en la vida rural de Islandia.
2. Camina por las montañas de Tröllaskagi
Tröllaskagi, la “península de los trolls”, se tiene bien ganado su nombre: sus paisajes parecen de otro mundo. Desde Skagafjörður, varios senderos se adentran en las montañas, serpenteando entre picos afilados, valles colgantes y praderas llenas de lupinos. Ya sea que elijas una caminata sencilla al borde del fiordo o una ascensión desafiante hacia picos nevados, las vistas te dejarán siempre boquiabierto, con el océano Ártico de fondo. En verano, incluso puedes cruzarte con un zorro polar o algunas ovejas en libertad.
3. Visita el museo de Glaumbær
Escondidas bajo un grueso techo de turba, las antiguas casas de Glaumbær cuentan con mil años de vida rural islandesa. Este museo al aire libre no solo muestra objetos, sino que te sumerge en el día a día de generaciones de campesinos de la región. Cruza puertas que chirrían, toca las paredes de madera gastada y siente el silencio del lugar. Es un verdadero viaje en el tiempo, donde la historia se siente al alcance de la mano. Guías locales apasionados comparten anécdotas y relatos olvidados.
4. Relájate en los baños termales de Grettislaug
Ubicados junto al mar, a unos pocos kilómetros de Sauðárkrókur, dos pequeños pozos naturales esperan a los viajeros cansados con el nombre de Grettislaug. Según la leyenda, Grettir el Fuerte, un héroe de las sagas islandesas, se habría bañado aquí después de nadar desde Drangey. Hoy es sobre todo un lugar de paz, donde el cuerpo se calienta en aguas humeantes entre 38 y 40 grados, mientras tus ojos se pierden en el mar y en las montañas cercanas. El suave sonido de las olas acompaña este momento casi meditativo.
5. Navega hasta la isla de Drangey
Un pilar basáltico que surge verticalmente del mar y parece desafiar el horizonte. Se trata de Drangey, una isla mítica, refugio de aves marinas y escenario de antiguas sagas. Se accede en barco desde el puerto de Sauðárkrókur, y luego a pie por un estrecho sendero que sube hasta la cima. Allí, entre los gritos de los frailecillos y los vientos marinos que despeinan, la vista panorámica del fiordo es inolvidable. El guía local te cuenta, entre leyendas, la historia de Grettir, perseguido y exiliado en esta isla tan austera como grandiosa.
6. Pasea por Sauðárkrókur
Con sus casas coloridas frente al mar y su ambiente tranquilo, Sauðárkrókur es una parada apacible llena de encanto. Aquí no hay multitudes ni artificios, solo la vida auténtica de un pueblo islandés: el pequeño puerto, los cafés acogedores y los pescadores reparando sus redes. Un lugar perfecto para captar el ritmo pausado y genuino del norte de Islandia.
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