Cenote Chelentún

Viaje a Cuzamá

5
1 opinión
Sumérgete en pozos de agua turquesa, unidos por raíles de otra época.

Visitar Cuzamá

A una hora de Mérida, a los cenotes de Cuzamá se llega de una forma única en México: en una troca, un carro de madera tirado por un caballo sobre antiguos raíles de las plantaciones de henequén. La vía cruje y la selva baja del Yucatán pasa a ambos lados. Entonces la roca se abre: un haz de luz, agua turquesa y fresca, y un silencio que solo rompen las gotas.

Varias cooperativas locales ofrecen recorridos diferentes: el más conocido pasa por Chelentún, Chak-Zinik-Che y Bolonchoojol, pero otras agrupaciones proponen rutas igual de especiales. ¿Quieres saber cómo aprovecharlos al máximo?

  • Naturaleza, Aventura & Deporte
  • Turismo Responsable
  • Cruevas

Cuzamá : ¿Cómo llegar?

Los cenotes de Cuzamá se encuentran en el estado de Yucatán, en México, cerca del pueblo de Cuzamá, a unos 50 kilómetros al sureste de Mérida.

Cuzamá : ¿Cuándo viajar?

La mejor época para visitar los cenotes de Cuzamá es de noviembre a marzo, durante la temporada seca y con temperaturas más agradables. Ve entre semana y a primera hora de la mañana para evitar las aglomeraciones.

Cuzamá : ¿Por cuánto tiempo?

Dedica de medio día a un día a los cenotes de Cuzamá, según tu ritmo y la espera para subir al trenecito.

Descubre más sobre este destino

¿Qué ver y hacer en los cenotes de Cuzamá?

1. Subir al truck sobre raíles, la seña de identidad de Cuzamá

La experiencia estrella es el paseo en troca: una carreta tirada por un caballo sobre antiguos raíles Decauville que atraviesan el monte yucateco. Avanzas al ritmo de los cascos, sin ruido de motor, con ese lujo poco común de tomarte el tiempo, entre henequenales, plantaciones de agave que hicieron prosperar a las haciendas.

Por el camino, el guía cuenta cómo era la vida alrededor del sisal y comparte historias sobre los cenotes, esos pozos naturales sagrados. Antes de subir, fíjate en el estado del caballo: un animal bien cuidado, alimentado y con agua de forma regular es señal de una cooperativa seria. Sal temprano para disfrutar de una luz suave, menos gente y condiciones más respetuosas tanto para los animales como para ti.

2. Bañarte en el cenote Chelentún, el más de postal

Aquí vienes a nadar en un agua turquesa, transparente como el cristal, en el fondo de una cavidad cubierta de vegetación. Chelentún suele ofrecer el baño más cómodo, con una abertura que deja entrar una luz preciosa y refleja tonos verdes sobre la roca. Bajas, el aire se refresca de golpe y llega ese pequeño escalofrío: el agua dulce envuelve la piel y el silencio toma el relevo.

Lleva unas gafas de buceo, aunque sean sencillas, para observar los juegos de luz y los detalles de la piedra caliza bajo la superficie. Quédate cerca de las paredes: se aprecia mejor la textura de la roca y las raíces que se aferran a ella como dedos.

3. Bajar al corazón del cenote Chak-Zinik-Che, la catedral subterránea

Chak-Zinik-Che es el más espectacular de los tres cenotes de Cuzamá: una auténtica cueva subterránea con aspecto de catedral, muy lejos de los cenotes a cielo abierto de la Riviera Maya. Bajas los escalones, el aire se vuelve más fresco, el eco cambia y la cavidad se abre entre paredes de caliza, estalactitas suspendidas y un agua oscura y profunda.

Te detienes, la vista se acostumbra y los volúmenes aparecen poco a poco. Después entras en el agua. La sensación de nadar bajo la roca, rodeado de silencio y piedra, es difícil de describir, y aún más de olvidar. Con un guía local, entiendes cómo se formaron estas cavidades y por qué son tan importantes aquí.

4. Regalarte un baño tranquilo en Bolonchoojol, el cenote “zen”

Bolonchoojol es ese cenote del que no te apetece irte enseguida. El agua es clara y fresca, la roca ocre contrasta con el azul, y el ambiente resulta más suave, más abierto que en los otros dos. Flotas, escuchas caer las gotas, rozas la piedra con la punta de los dedos. El tiempo se ralentiza de verdad.

Fíjate en los detalles: el musgo en las paredes, las pequeñas lianas, los pájaros que pasan por la entrada. Si viajas en familia, es el cenote más sereno de los tres, perfecto para un baño tranquilo en las zonas indicadas.

5. Descubrir la historia del sisal alrededor de la hacienda y el pueblo

Cuzamá no son solo sus cenotes: es un territorio marcado por la gran época del henequén. Entre baño y baño, presta atención a los restos de infraestructuras, las hileras de agaves y la organización de los caminos. Los guías, a menudo de la zona, comparten anécdotas concretas sobre la vida de antes y oficios que han caído en el olvido.

Después de la visita, haz una parada en el pueblo para tomar un agua fresca bien fría y algo sencillo de comer. Con la piel aún fresca y el sol apretando, suele ser ahí donde el día cobra todo su sentido.

6. Probar la cocina yucateca en el pueblo de Cuzamá

¿Te entra hambre después de los cenotes? Busca una pequeña fonda o un comedor familiar en el pueblo: una mesa bajo un ventilador, un mantel de plástico y un plato de panuchos crujientes, sopa de lima aromática o cochinita pibil tierna. Los sabores de los cítricos, el achiote y el maíz llegan enseguida, con las conversaciones del día a día como sonido de fondo.

Pide un agua de chaya o un zumo de pitahaya, según la temporada. Es aquí, entre dos vasos, donde entiendes de verdad la riqueza de este rincón tan especial.

Haz una parada en los cenotes de Cuzamá durante un viaje a medida por México

Con Evaneos, hablas directamente con agentes locales que viven en México. Conocen las temporadas, los tiempos de carretera, las buenas direcciones y esos pequeños detalles que lo cambian todo, desde elegir un hotel con encanto hasta encontrar la mesa donde probar una auténtica cochinita pibil.

¿Te apetece hacer una parada en los cenotes de Cuzamá, entre aguas turquesas y raíles de hacienda recorridos en truck, y seguir después hacia Valladolid, Campeche o Chiapas? Tu experto diseña un viaje a medida, adaptado a tu ritmo, tu presupuesto y tus ganas de descubrir México.

Cuzamá : información práctica

Desde Mérida, la opción más sencilla es alquilar un coche y llegar a Cuzamá en una hora o una hora y cuarto por las carreteras 180 y 184. Una vez en el pueblo, varias cooperativas locales ofrecen recorridos en troca, unas carretas tiradas por caballos sobre antiguos raíles de plantación. Pide consejo a tu agente local para elegir la cooperativa que mejor encaje con tu grupo y con lo que te apetezca hacer.

Sí. El precio varía según la cooperativa que elijas: calcula unos 600 MXN por carreta, para un máximo de cuatro personas, por el recorrido completo de los tres cenotes, incluido el trayecto en troca. Cuantos más seáis, menor será el coste por persona. Lleva efectivo, ya que no se aceptan pagos con tarjeta en el lugar. Los chalecos salvavidas suelen estar incluidos.

Los cenotes de Cuzamá abren todos los días de 8:00 a 17:00. Llega a primera hora: la luz de la mañana es más suave dentro de las cuevas y evitarás los grupos que llegan a media mañana. Calcula entre dos horas y media y tres horas para hacer el recorrido completo.

Sí, y es uno de los grandes atractivos del lugar. Después del paseo en troca, bajarás hasta un agua dulce y fresca, a veces oscura bajo la bóveda de piedra caliza. Ten en cuenta que el acceso se hace por escaleras empinadas y escaleras metálicas, por lo que no se recomienda a personas con movilidad reducida, niños pequeños ni a quienes tengan vértigo. Lleva traje de baño, sandalias antideslizantes y una bolsa estanca. No se permite usar crema solar, ni siquiera biodegradable. Es obligatorio ducharse antes de entrar al agua.

En los cenotes de Cuzamá, si levantas la vista entre las lianas y observas el agua turquesa, podrás encontrarte con esta fauna:

  • Peces de agua dulce: pequeños bancos plateados que se deslizan en la penumbra y, a veces, curiosos cíclidos.
  • Tortugas de agua dulce: más difíciles de ver, suelen dejarse intuir cerca de las rocas.
  • Murciélagos: siluetas discretas aferradas a las bóvedas de piedra caliza.
  • Golondrinas y vencejos: sus llamadas rápidas resuenan en la entrada de las cavidades.
  • Libélulas y mariposas: destellos de color sobre las pozas.

En los cenotes de Cuzamá, la mirada se pierde enseguida entre la selva seca y las lianas. Esta es la flora que verás con más frecuencia:

  • Ceibas y chakás, grandes árboles mayas de corteza clara, que dan sombra fresca junto a los senderos.
  • Palmeras chit y cocoteros, con copas que susurran con el viento cálido de Yucatán.
  • Lianas y raíces aéreas, que se aferran a la piedra caliza y a veces rozan el agua turquesa.
  • Orquídeas y bromelias, escondidas entre las ramas, como pequeños estallidos verdes.
  • Agaves, cactus y arbustos espinosos, típicos del bosque tropical seco.

Para hacer una parada en los cenotes de Cuzamá, lo más práctico es dormir en el propio Cuzamá o en los pueblos cercanos de Homún y Acanceh. Así ganarás tiempo por la mañana, cuando la luz perfila el azul de las pozas y el calor aún no aprieta. Mérida, a menos de una hora, sigue siendo una buena base si te apetece cenar en la ciudad.

Con Evaneos, los agentes locales marcan la diferencia: conocen a las familias que llevan pequeños hospedajes, las haciendas discretas entre henequenes y los ecolodges de bajo consumo energético. Te orientan hacia alojamientos responsables y poco conocidos, y ajustan las noches a tu itinerario para evitar desvíos innecesarios.

Cuzamá: ¿Qué ver en los alrededores?

Lo que nuestros viajeros piensan de su estancia

México: nuestros artículos para sus vacaciones