Imprescindibles y rincones poco conocidos: ¿qué ver y qué hacer en El Calafate?
El Calafate es la gran puerta de entrada a los glaciares de la Patagonia. Una ciudad entre estepa, cielo inmenso y las aguas lechosas del lago Argentino, a la que llegas por el Perito Moreno, pero donde a menudo te quedas por el silencio, las aves, las estancias y esa luz austral que lo transforma todo.
1. Admirar el glaciar Perito Moreno desde las pasarelas
El glaciar Perito Moreno es el gran imprescindible de El Calafate. A 80 kilómetros de la ciudad, en el parque nacional Los Glaciares, sus murallas azuladas se contemplan desde una red de pasarelas muy bien acondicionadas, accesibles a distintos ritmos.
Caminas frente al hielo, te detienes, escuchas. Y entonces llega el gran crujido. Seco, profundo, casi brutal. A veces, un bloque se desprende y cae en el Canal de los Témpanos con un estruendo que atraviesa el cuerpo. Conviene dedicarle varias horas para ver cómo el glaciar cambia de color con la luz.
2. Navegar al pie de los glaciares del lago Argentino
Navegar por el lago Argentino te permite acercarte a varios frentes glaciares desde el agua. Las excursiones suelen salir de Puerto Bandera, a unos 50 kilómetros de la ciudad, y avanzan entre icebergs, acantilados oscuros y aguas de un turquesa lechoso, tan propio de los lagos glaciares.
Entre los itinerarios más populares, algunas navegaciones llegan hasta los glaciares Upsala y Spegazzini, este último con un frente de más de 135 metros. Otras rutas se dirigen a los glaciares Mayo y Negro, o incluyen el Perito Moreno visto desde el lago. El barco avanza por un paisaje casi irreal, entre silencio frío y destellos de hielo. Es una experiencia intensa, que merece la pena hacer con buen tiempo y, si es posible, en grupos pequeños.
3. Caminar por la reserva Laguna Nimez
La reserva Laguna Nimez es el mejor refugio natural a dos pasos del centro de El Calafate. En un paseo corto, dejas atrás las calles animadas para seguir un sendero llano entre juncos, lagunas y vistas abiertas al lago Argentino.
Aquí se viene sobre todo a observar aves: flamencos chilenos, cisnes de cuello negro, ibis, patos y rapaces. El viento agita las hierbas y la luz baja dora la estepa. El final de la tarde suele ser el momento más bonito, cuando las montañas se tiñen de rosa a lo lejos.
4. Entender los glaciares en el Glaciarium
El Glaciarium es la visita ideal para entender lo que ves en la Patagonia. Situado a pocos kilómetros del centro, este museo moderno explica la formación de los glaciares, su evolución y los retos ligados al calentamiento climático.
Maquetas, imágenes por satélite, vídeos e instalaciones inmersivas hacen que el tema resulte claro, incluso si viajas con niños. Saldrás con otra mirada sobre el Perito Moreno. Nuestras agencias locales seguramente te recomendarán visitarlo antes de la excursión al glaciar, para interpretar mejor el paisaje después.
5. Explorar las cuevas de Punta Walichu
Las cuevas de Punta Walichu forman uno de los lugares más emocionantes en los alrededores de El Calafate. A apenas ocho kilómetros de la ciudad, a orillas del lago Argentino, estas cuevas y abrigos rocosos conservan pinturas rupestres de unos 4.000 años de antigüedad, dejadas por los antepasados de los tehuelches.
La visita se hace con guía, por un sendero corto, entre acantilados, viento seco y vistas despejadas al lago y a la cordillera. Algunas pinturas son originales; otras, reproducciones creadas para proteger el lugar. Algunas excursiones incluso proponen una comida en una de las cuevas. Aquí descubres una Patagonia más antigua, más íntima, lejos de la imagen de postal de los glaciares.
6. Pasar el día en una estancia patagónica
Pasar un día en una estancia te acerca a la cultura rural de la Patagonia. Alrededor de El Calafate, varias fincas abren sus puertas, desde estancias cercanas a la ciudad hasta otras a las que se llega por pista o en barco. Nibepo Aike ocupa un lugar especial: es la única estancia del parque nacional Los Glaciares que sigue dedicada a la ganadería.
Allí descubres los paisajes de estepa, el trabajo de los pastores, la esquila de ovejas y el cordero asado lentamente al fuego de leña, en la hospitalidad sobria de los grandes espacios. La experiencia cobra todo su sentido con un guía local, capaz de contar la historia de las familias, de la tierra y de sus costumbres sin folclore forzado.
7. Hacer senderismo cerca de la Estancia Cristina
La Estancia Cristina ofrece una de las escapadas más bonitas desde El Calafate. Solo se puede llegar en barco, de octubre a abril, tras una navegación entre los icebergs del Upsala. Allí aparece una estancia aislada, entre montañas, valles glaciares y un silencio monumental.
Una pista de montaña en 4x4 lleva hasta el mirador del glaciar Upsala y el campo de hielo Patagónico Sur. Quienes tengan buena forma física pueden alargar la aventura con un trekking exigente de 14 kilómetros en descenso por el Cañadón de los Fósiles, donde afloran antiguos fósiles marinos. Viento en la cara, piedras bajo las botas, horizonte inmenso: una jornada completa e inolvidable, que conviene reservar con mucha antelación en temporada alta.
8. Hacer kayak en las aguas del lago Argentino
El kayak te permite vivir el lago Argentino de otra manera, a ras de agua. Desde algunas zonas autorizadas alrededor de El Calafate o en excursiones guiadas dentro del parque, remas frente al relieve, entre reflejos azules, viento fresco y un silencio apenas roto por el chapoteo.
La actividad depende mucho de la meteorología, siempre cambiante en la Patagonia. Se hace con guías especializados, equipo adecuado e instrucciones estrictas. Es una bonita alternativa tranquila a las excursiones motorizadas: más lenta, más física y más cerca de los elementos.
9. Subir al cerro Frías para ver la estepa desde las alturas
El cerro Frías ofrece una panorámica de 360 grados sobre el lago Argentino y, en días despejados, sobre el Fitz Roy y las Torres del Paine. Situado a unos 20 kilómetros al oeste de la ciudad, en la ruta hacia el Perito Moreno, domina la estepa como un balcón natural.
Puedes subir en 4x4, a caballo o a pie según la temporada, e incluso bajar en tirolina si buscas algo más atrevido. Arriba, todo se abre: el viento, las hierbas secas, las montañas azules a lo lejos. Mejor elegir salidas guiadas por operadores locales que cuiden los senderos y respeten a los animales.
10. Pasear por El Calafate y probar su baya mítica
El centro de El Calafate merece una pausa de verdad entre excursión y excursión. Alrededor de la avenida del Libertador, encontrarás cafés, chocolaterías, tiendas de artesanía, restaurantes de cocina patagónica y lugares donde probar la famosa baya de calafate, ya sea en mermelada, helado o licor.
La leyenda local dice que quien come calafate vuelve a la Patagonia. No prometemos nada, pero su sabor ácido se queda en la memoria. Al caer la tarde, cuando el viento afloja un poco y los escaparates se iluminan, la ciudad recupera una calidez sencilla, muy bienvenida después de los grandes fríos azules de los glaciares.
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