Croacia, en la encrucijada de mundos
Un país contado por sus muros
La arquitectura croata es un testimonio de sus glorias pasadas. Pasear por sus ciudades históricas es como viajar en el tiempo y encontrarse con los imperios que marcaron Croacia. Recorriendo sus callejuelas descubrirás un palacio veneciano en Split, una iglesia bizantina en Zadar, un anfiteatro romano en Pula o un hammam otomano en Ilok.
Entre Oriente y el Mediterráneo: un trozo de historia en cada bocado
También en el plato, Croacia apuesta por la mezcla de culturas. Las influencias balcánicas se combinan con sabores mediterráneos. En el interior, disfruta de carnes especiadas y los cafés turcos de los mercados locales. En las orillas del Adriático, el protagonismo es para los pescados a la parrilla, las hierbas y el aceite de oliva, un guiño a Italia, que está justo enfrente. Así, cada bocado cuenta un pedazo de la historia croata.
Dos caras de una misma cultura
En Croacia, la vida oscila entre el relax de la dolce vita y las tradiciones rurales. En la costa, las klapas suenan al ritmo de las olas, mientras que el interior mantiene un estilo de vida más rústico, legado de las culturas austrohúngaras y balcánicas. Desde la hospitalidad de su gente hasta las fiestas populares, la cultura croata refleja su herencia plural y llena de influencias eslavas, mediterráneas y orientales.
Un viaje más responsable en Croacia
Algunos destinos croatas como Dubrovnik o Plitvice atraen a muchas personas en verano. Para un viaje más responsable, elige los meses de mayo, junio o septiembre. No dudes en alejarte de los sitios habituales y visitar regiones con menos turistas, como el interior, o islas menos conocidas, como Mljet y Vis.
En Croacia, moverse en transporte público es fácil, y para los más deportistas, el ciclismo es una gran opción. En cuanto al alojamiento, las casas rurales son la mejor forma de sumergirte en la cultura local.