Sitios imprescindibles y rincones secretos: ¿qué ver y qué hacer en Landmannalaugar?
En Landmannalaugar, en pleno corazón de las Tierras Altas, todo empieza con una sensación: la de caminar sobre una inmensa paleta de colores. El suelo cruje bajo los pies, las riolitas pasan del rosa salmón al verde musgo, las fumarolas exhalan un aliento sulfuroso y el agua caliente espera en el fondo de un valle. Accesible solo en verano por pistas, llegar hasta aquí requiere esfuerzo, y eso también ayuda a protegerlo. Aquí tienes ocho ideas muy concretas para saber qué ver y qué hacer en Landmannalaugar.
1. Bañarte en la fuente termal natural
El baño caliente al pie de las montañas de riolita es imprescindible. Entras al final de la caminata, cuando las piernas ya pesan un poco y el viento fresco te azota las mejillas. El agua, lechosa y suave, te envuelve al instante, mientras el vapor baila por encima y los senderistas hablan en voz baja, como en un refugio al aire libre.
Ven temprano o al atardecer para disfrutar de un ambiente más tranquilo. Consejo local: ten cuidado, el fondo es irregular y a veces resbaladizo. Y tómate tu tiempo para levantar la vista: los colores cambian con cada nube.
2. Caminar hasta Brennisteinsalda, la “montaña de azufre”
El mejor aperitivo es la Brennisteinsalda y sus laderas humeantes. El sendero sube rápido y el aire se llena de olor a azufre, como el de una cerilla recién encendida. Por el camino, las solfataras silban, la tierra se tiñe de amarillo intenso y el paisaje se vuelve casi irreal, entre cenizas negras y relieves pastel.
Calcula entre dos y tres horas ida y vuelta, según tu ritmo. Si hace buen tiempo, la vista sobre el campo de lava de Laugahraun es impresionante, como un océano detenido, abollado y, aun así, lleno de vida.
3. Cruzar el campo de lava de Laugahraun
Aquí entiendes que Islandia es un país que todavía respira, porque Laugahraun es una colada de lava reciente a escala geológica. El camino serpentea entre rocas negras de formas retorcidas, a veces cubiertas de líquenes de un verde casi fluorescente. En cada curva se abre una nueva perspectiva sobre las montañas de colores, como si alguien cambiara el decorado.
Es una ruta corta y accesible, perfecta en familia o para una primera caminata. Después de la lluvia, las piedras se vuelven más oscuras y brillantes, y oyes el agua gotear en los huecos, como una música discreta.
4. Subir a la cima de Bláhnúkur para abarcar las Tierras Altas
El mirador que conquista a todo el mundo es Bláhnúkur, el “pico azul”. La subida es empinada y el terreno, a veces, se deshace bajo los pies, pero la llegada te deja boquiabierto. Abajo, Landmannalaugar parece un cuadro, con estratos rosas, ocres y grises, y al fondo mesetas que parecen no terminar nunca.
Elige un día estable, porque en la cima el viento pega de frente. Lleva también bastones, ya que la bajada carga las rodillas. Y detente unos minutos solo para escuchar el silencio.
5. Seguir el sendero hasta Ljótipollur, un cráter con lago turquesa
El lugar más fotogénico es Ljótipollur, un cráter volcánico lleno de un lago con reflejos azul verdoso. El contraste es muy marcado: escorias rojas como ladrillo, un agua tranquila, casi dulce a la vista, y hierbas que atrapan la luz. Se llega por una caminata progresiva y agradable, que atraviesa llanuras abiertas.
Dar la vuelta al cráter merece la pena, sobre todo si las nubes pasan rápido: los colores cambian en directo. Es un sitio perfecto para un pícnic sencillo, sin ruido, solo con el viento rozando el musgo.
6. Caminar por los discretos cañones de Grænagil y Vondugil
Para una pausa más secreta, los pequeños cañones de Grænagil y Vondugil muestran otra textura de Landmannalaugar. Dejas atrás los grandes panoramas para colarte entre paredes estriadas, a veces verdes de musgo, a veces rojas como el óxido. El eco de los pasos resuena, el aire es más fresco y te sientes diminuto.
Estos bucles cortos se combinan fácilmente con otras rutas. Después de un chaparrón, los colores son más profundos y los arroyos suenan con más fuerza. Una forma ideal de evitar las aglomeraciones sin alejarte demasiado del campamento.
7. Recorrer un tramo del trekking Laugavegur, el gran clásico islandés
Landmannalaugar es la puerta de entrada a un mito: el Laugavegur, una de las travesías más bonitas de Europa. Incluso sin hacer los cuatro días hasta Þórsmörk, caminar unas horas por el inicio de la ruta te dibuja una buena idea de la ruta: llanuras de arena, relieves multicolores, puentes de madera y esa sensación de estar lejos de todo.
Avanza hasta los primeros paisajes abiertos en dirección a Hrafntinnusker y vuelve después. Tu agencia local puede ajustar el horario y comprobar las condiciones, algo clave aquí, porque el tiempo cambia rápido y la niebla cae sin avisar.
8. Observar los juegos de luz del atardecer y dormir cerca del lugar
El verdadero lujo es quedarse a dormir para ver el lugar cuando se vacía. Al atardecer, la luz rasante marca los pliegues de las montañas, las sombras se alargan sobre la lava y solo se oye la cremallera de las chaquetas y el murmullo del río. A primera hora, las primeras caminatas se hacen en una calma casi íntima.
Entre refugio y camping, la organización es importante, sobre todo en temporada alta. Recuerda reservar, viajar ligero y respetar los senderos: la vegetación es frágil. Aquí, cada paso deja una huella, igual que un recuerdo.
Haz una parada en Landmannalaugar durante un circuito a medida por Islandia
Con Evaneos, hablas directamente con un agente local hispanohablante afincado en Islandia, que conoce las pistas, los horarios, los refugios y las mejores épocas de verdad, esas en las que la luz se agarra a las montañas. El resultado: menos imprevistos, más tiempo sobre el terreno y consejos concretos adaptados a tu ritmo.
Juntos diseñáis un circuito a medida que incluya Landmannalaugar, sus fuentes termales humeantes y sus rutas multicolores, además de otras joyas islandesas según lo que te apetezca: familia, fotografía, volcanes, grandes espacios o pausas gastronómicas.

























































