Comida en Islandia: 12 especialidades para descubrir el país
Crudas, ahumadas, fermentadas, a veces cocinadas por la propia tierra: las especialidades islandesas no se parecen a ninguna otra. Aquí, cada plato cuenta una historia de supervivencia e ingenio. Hubo que sacar lo mejor del mar, de las ovejas criadas en libertad y del agua volcánica, sin desperdiciar nada. El resultado: una cocina que refleja un entorno único.
Una sopa de cordero humeante después de una caminata, un dado de tiburón que se traga de un bocado, una rebanada de pan negro recién sacada del suelo: en un viaje a Islandia, probar su cocina sigue siendo una de las mejores formas de entender la isla. Te llevamos a la mesa, como un islandés más.

La gastronomía islandesa, moldeada por los elementos
La cocina islandesa es fruto de un entorno exigente. Hay pocas tierras cultivables, escasea la madera y el invierno es largo. Por eso, durante siglos se ahumó, se secó, se saló y se fermentó para no desperdiciar nada. Tres pilares sostienen la mesa desde hace mil años: el pescado, el cordero y los productos lácteos, base de la alimentación islandesa.
Entre sus especialidades destacan:
- El skyr: la especialidad láctea islandesa por excelencia
- El plokkfiskur: el pescado islandés en su versión más sencilla
- La sopa de cordero: el plato típico islandés de los largos inviernos
- La pylsa: la famosa salchicha callejera islandesa
- El harðfiskur: el pescado seco para picar
- El rúgbrauð: el pan cocido por la tierra
- El humar: la cigala del sureste
- El hákarl: el tiburón islandés más famoso
- El brennivín: el licor nacional islandés
- El þorramatur: la tabla de las fiestas de invierno
- Las kleinur: la especialidad dulce islandesa
1. El skyr: la especialidad láctea islandesa por excelencia
A medio camino entre el yogur griego y el queso fresco, el skyr es la estrella de los lácteos islandeses. Se elabora con leche desnatada y fermentos. ¿El resultado? Una textura densa, rica en proteínas y baja en grasa, que suele acompañarse con arándanos, miel o un poco de nata. Una opción ideal para saciarse en el desayuno o durante una ruta.
Su receta, hoy exportada a todo el mundo, tiene un gran valor histórico en Islandia. De hecho, el Museo Nacional de Islandia expone tres vasijas con restos de skyr de más de mil años de antigüedad.
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2. El plokkfiskur: el pescado islandés en su versión más sencilla
El plokkfiskur es un gran clásico de la cocina islandesa. Este guiso reconfortante mezcla bacalao, eglefino o pez lobo desmigado, puré de patata, cebolla y salsa blanca. Se sirve bien caliente, con una rebanada de pan de centeno con mantequilla.
Es un plato del día a día, nacido del arte de aprovechar las sobras, y cada familia tiene su propia versión: un poco de curry por aquí, queso gratinado por allá. Pregunta a un islandés cuál es su sitio favorito para probarlo y prepárate para un debate apasionado.
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3. La sopa de cordero: el plato típico islandés de los largos inviernos
La kjötsúpa, o sopa de cordero, calienta a los islandeses desde hace siglos. En la olla: jarrete o paletilla de cordero, patatas, zanahorias, colinabo y, a veces, algunas hierbas. El caldo se pone al fuego durante horas, hasta volverse dorado y aromático. Una cucharada basta para entender por qué el país no se cansa de ella.
Es uno de los platos más accesibles de Islandia, servido en la mayoría de cafeterías y refugios, a menudo con opción de repetir. El cordero procede de ovejas criadas en libertad durante todos los meses de verano, entre hierbas silvestres y musgos, lo que le da ese sabor auténtico que recuerda a los grandes espacios abiertos.
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4. La pylsa: la famosa salchicha callejera islandesa
La pylsa es la salchicha islandesa, el famoso perrito caliente local y, probablemente, el tentempié favorito del país. Mezcla de cordero, ternera y cerdo, se pide ein með öllu, “una con todo”: cebolla frita crujiente, cebolla cruda, kétchup, mostaza dulce y salsa remoulade.
En Reikiavik, se forma cola frente al célebre puesto Bæjarins Beztu Pylsur, abierto desde 1937. Incluso Bill Clinton la probó. Se come de pie, con el olor a mar del puerto viejo en el aire.
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5. El harðfiskur: el pescado seco para picar
El harðfiskur, literalmente “pescado duro”, es el aperitivo favorito de los islandeses. Son filetes de bacalao o eglefino secados al aire fresco del Atlántico Norte, sin sal ni cocción. ¿El resultado? Una carne fibrosa, muy rica en proteínas, que se desgarra como si fuera papel. El compañero ideal para una larga ruta en coche o una etapa de senderismo.
Los locales lo comen untado con mantequilla salada, como quien pica palomitas. Lo encontrarás en todos los supermercados, envasado al vacío.
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6. El rúgbrauð: el pan cocido por la tierra
El rúgbrauð es el pan de centeno islandés: una hogaza densa, de color marrón oscuro, sin corteza y ligeramente dulce. Su versión más espectacular, el hverabrauð, se cuece directamente bajo tierra. La masa se introduce en bidones enterrados cerca de una fuente termal, y el calor geotérmico hace el resto en unas 24 horas.
A orillas del lago Laugarvatn, en la ruta del Círculo Dorado, algunos panaderos mantienen viva esta tradición. Ver cómo sale de la tierra un pan humeante tiene algo hipnótico. Se prueba con mantequilla, con arenque marinado, con salmón ahumado o, sencillamente, solo.
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7. El humar: la cigala del sureste
El humar, a menudo traducido como “bogavante”, es en realidad una cigala pescada en aguas islandesas. Su carne fina y dulce es el orgullo del sureste de la isla, en torno al puerto de Höfn, conocido como la capital de la cigala.
Se prueba en una sopa cremosa perfumada con eneldo, o simplemente a la parrilla con mantequilla, ajo y perejil. Para una comida especial, pide a tu agencia local que reserve una mesa en un restaurante de pescadores típico de Islandia, frente a los glaciares del Vatnajökull, casi con los pies en el océano. Y si te apetece continuar el itinerario por la zona, tu agencia también podrá recomendarte otros sitios del este, como Breiddalsvik.
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8. El hákarl: el tiburón islandés más famoso
El hákarl es, sin duda, la especialidad islandesa más famosa entre los viajeros... y la más temida. Este tiburón de Groenlandia, fermentado durante cuatro o cinco meses, desprende un intenso olor a amoniaco que sorprende incluso a los locales. La receta se remonta a una época en la que no existía la refrigeración: su carne, tóxica en crudo, se vuelve comestible tras fermentar y secarse.
Se sirve en pequeños dados, pinchados con un palillo. La tradición dice que hay que tragarlo de un bocado y, justo después, beber un vaso de brennivín. Probar el tiburón islandés al menos una vez es acercarse a las antiguas técnicas de conservación de la isla... y llevarte una buena anécdota de vuelta a casa.
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9. El brennivín: el licor nacional islandés
El brennivín es el licor nacional islandés, apodado svarti dauði, la “muerte negra”. Este aguardiente de patata aromatizado con alcaravea tiene 37,5% de alcohol y se reconoce por su etiqueta negra, con un mapa de Islandia.
Su nombre significa “vino quemado”. Se bebe siempre helado, en vasos pequeños. Es la bebida de las celebraciones y el acompañamiento clásico de platos islandeses típicos como el hákarl y el arenque marinado. Si prefieres bebidas alcohólicas menos fuertes, en Islandia también encontrarás muchas cervezas artesanales.
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10. El þorramatur: la tabla de las fiestas de invierno
El þorramatur reúne, en una misma tabla, especialidades de otros tiempos. Se comparte entre enero y febrero, durante la fiesta del Þorri, como homenaje a los antepasados. En el menú: cabeza de oveja (svið), testículos de carnero en suero de leche, morcilla, tiburón fermentado, harðfiskur y pan de centeno.
Más que una comida, es una inmersión en la historia de la cocina islandesa. Si viajas a la isla en pleno invierno y alargas un poco tu estancia, vivir un Þorrablót junto a una familia local es una aventura gastronómica en toda regla.
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11. Las kleinur: la especialidad dulce islandesa
Las kleinur son un clásico de la repostería islandesa: pequeños bollos fritos trenzados, crujientes por fuera, tiernos por dentro y delicadamente perfumados con cardamomo. Durante mucho tiempo se reservaban para los días de fiesta, pero hoy se comen durante todo el año, templados, con un café bien fuerte.
Su prima, la pönnukökur, es una crepe fina enrollada con azúcar o rellena de mermelada y nata montada. A los islandeses también les encanta el bragðarefur, un helado generoso mezclado con caramelos y fruta. Dulces sencillos y reconfortantes.
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12. El hangikjöt: el cordero ahumado de las fiestas de Navidad en Islandia
El hangikjöt, o “carne colgada”, es el cordero ahumado de Nochebuena. Aparece a menudo en la literatura islandesa y se sirve en lonchas finas, caliente o frío. Suele acompañarse con lombarda, guisantes, patatas y salsa blanca. Su aroma ahumado anuncia la Navidad en todos los hogares islandeses.
Lo acompaña el laufabrauð, el “pan-hoja”, una torta fina y crujiente que las familias decoran juntas con motivos recortados la víspera de Navidad. De postre, la vínarterta alterna finas capas de masa y compota de ciruelas pasas con cardamomo. Son especialidades que merece la pena descubrir en un viaje a Islandia en Navidad.
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La cocina islandesa contemporánea: entre pescado fresco y tomates geotérmicos
Junto a las recetas de siempre, hoy nace una cocina más fresca y más vegetal. En esta isla rodeada de aguas ricas en pesca, el pescado del día tiene una calidad excepcional: bacalao, arenque, pero también salvelino ártico (bleikja), un pariente del salmón de carne rosada y delicada, además de salmón ahumado local. En los buenos restaurantes, se sirve simplemente a la parrilla, para dejar que hable su sabor.
Otra revolución, más sorprendente, son los tomates geotérmicos. Calentados e iluminados todo el año gracias a la energía volcánica, los invernaderos permiten cultivar tomates, pepinos y albahaca en pleno círculo polar ártico. La granja Friðheimar, en el Círculo Dorado, lo ha convertido en una experiencia gastronómica: allí puedes probar una sopa de tomate servida en el corazón del propio invernadero.
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Comer como un local: nuestros consejos para disfrutar de un viaje gastronómico
La cocina islandesa combina tradición y nueva escena nórdica. Para comer como un local, aléjate de los sitios demasiado turísticos y sigue algunas reglas sencillas, aprendidas viaje tras viaje con nuestros expertos locales.
- Las buenas direcciones: las mejores mesas no siempre están en Reikiavik. En los pueblos pesqueros, puedes probar pescado desembarcado esa misma mañana. En el campo, algunas granjas con restaurante sirven cordero y skyr casero, a veces en un antiguo establo rehabilitado. Un buen restaurante islandés se reconoce por una carta breve, ajustada a la pesca y a la temporada. Nuestros expertos locales conocen estas direcciones discretas y las comparten contigo.
- Hacer la compra: para probar la Islandia cotidiana, no hay nada como pasar por los comercios locales. En los supermercados islandeses, llena la cesta de skyr, harðfiskur y pan de centeno para preparar pícnics de ruta. Pero entra también en las pescaderías de los puertos, las granjas o los mercados cubiertos para llevar un poco más lejos tu experiencia gastronómica.
- Los horarios de las comidas: fuera de Reikiavik, muchas cocinas cierran pronto por la noche y los pueblos escasean en la carretera. Conviene localizar con antelación el sitio donde cenar y llevar algo para picar en el coche durante las etapas largas.
- El buen gesto: el agua del grifo islandesa está entre las más puras del mundo, y es gratuita. Rellena tu cantimplora en cualquier lugar y olvídate de las botellas de plástico. En cuanto al plato, mejor evitar la ballena y el frailecillo. Aunque se suele pensar lo contrario, la carne de ballena no es un plato tradicional: la gran mayoría de los islandeses nunca la ha comido, y la mayor parte la consumen los turistas. Es esa demanda la que mantiene la caza. En cuanto a los frailecillos, Islandia alberga cerca del 60% de su población mundial, pero sus cifras están disminuyendo, así que es mejor no consumirlos.
Descubrir las especialidades del país durante tu viaje a Islandia es asomarse al alma de un pueblo moldeado por el aislamiento, el frío y un entorno único. Para vivir esta cocina desde dentro, en restaurantes en mitad de sus paisajes volcánicos, no hay nada como contar con la mirada de una agencia local afincada en Islandia: te abrirá las puertas de granjas, mercados y cocinas familiares. Contacta con nuestros expertos locales para diseñar un itinerario por Islandia que también pase por la mesa.
Preguntas frecuentes sobre las especialidades islandesas
¿Cuál es el plato más famoso de Islandia?
El plato más famoso de Islandia es el hákarl, el tiburón de Groenlandia fermentado. Su fama, sobre todo en el extranjero, se debe tanto a su olor intenso como a su historia antigua. Menos llamativo, pero mucho más consumido en el día a día, el skyr es la otra gran estrella de la cocina islandesa.
¿Cuál es el plato típico nacional de Islandia?
Islandia no tiene un plato nacional oficial, pero sí varios candidatos. El hákarl suele mencionarse en el extranjero como emblema histórico. Muchos islandeses, en cambio, señalan el hangikjöt, el cordero ahumado de las fiestas, o la kjötsúpa, la sopa de cordero, como el verdadero plato del corazón.
¿Cuál es la especialidad de Islandia?
La especialidad más representativa de la gastronomía islandesa es el skyr, ese producto lácteo cremoso que se consume desde hace más de mil años. En cuanto a bebidas, el brennivín ocupa el papel de licor nacional. Juntos resumen una cocina sencilla, antigua y profundamente unida a la naturaleza.
¿Qué se desayuna en Islandia?
El desayuno islandés gira en torno al skyr, consumido con fruta, cereales o un chorrito de miel. Es el punto de partida del día para la mayoría de los islandeses, y lo encontrarás en cualquier supermercado, como Bónus, a precios muy razonables. Los rollos de canela también aparecen con frecuencia en las mesas matutinas, acompañados de café fuerte.

























































