Te damos la bienvenida a los fiordos de Islandia, allí donde la montaña cae casi en vertical sobre el mar y todo te hace sentir pequeño. Al final de una carretera, aparece un pueblo pesquero de casas rojas, una cascada que baja por la ladera y casi nadie a la vista.
Están al oeste, al este y al norte del país: es aquí donde Islandia muestra su lado más salvaje. De los imprescindibles a las joyas más discretas, estos son nuestros once fiordos favoritos para un viaje a Islandia con calma, con consejos para aprovecharlos al máximo.

¿Cuáles son los fiordos más bonitos de Islandia?
- Seyðisfjörður: la iglesia azul de los fiordos del este
- Mjóifjörður: el fiordo estrecho y secreto
- Borgarfjörður Eystri: el reino de los frailecillos
- Fáskrúðsfjörður: el fiordo con aires franceses
- Berufjörður: Djúpivogur, el pueblo que se toma su tiempo
- Ísafjörður: el corazón de los fiordos del oeste
- Arnarfjörður: Dynjandi, la cascada con forma de velo de novia
- Patreksfjörður: el pecio y los acantilados de aves
- Breiðafjörður: la bahía de las mil islas y el monte Kirkjufell
- Hvalfjörður: el fiordo de las ballenas cerca de Reikiavik
- Eyjafjörður: Akureyri y el norte, mágicos en invierno
1. Seyðisfjörður: la iglesia azul de los fiordos del este, cerca de Egilsstaðir
Al fondo de un estrecho brazo de mar, Seyðisfjörður es el más conocido de los fiordos del este. Al fondo, la belleza natural de las cadenas montañosas; frente a ti, casas de madera de colores, herencia de los comerciantes noruegos del siglo XIX, y una famosa iglesia azul al final de una calle pintada con los colores del arcoíris.
No es de extrañar que se considere uno de los pueblos más bonitos de Islandia, con ese aire de refugio de artistas en el fin del mundo. Pero el fiordo merece tanto la pena como el pueblo: desde la carretera panorámica, abarcas de un vistazo la lámina de agua encajada entre laderas abruptas, salpicadas de cascadas.
Para llegar, baja por la carretera 93 desde Egilsstaðir: 27 kilómetros de curvas que pasan junto a una decena de cascadas, entre ellas la preciosa Gufufoss. Nuestro consejo: quédate una noche y disfruta del lugar al amanecer, antes de que llegue más gente. Y para ver el fiordo desde otra perspectiva, nada como una salida en kayak de mar.
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2. Mjóifjörður: el fiordo estrecho y secreto
Su nombre significa “el fiordo estrecho”, y enseguida entiendes por qué: Mjóifjörður se abre paso entre altas montañas durante apenas unos kilómetros. Un puñado de casas, una antigua escuela convertida en albergue, una pequeña iglesia de madera… perfecto para quienes disfrutan de la naturaleza y el senderismo. Aquí verás más focas y renos salvajes que coches.
Para llegar, hay que tomar una pista de montaña que solo abre en verano. Conviene informarse bien antes de salir. Al final, la cascada de Klifbrekkufossar baja por el valle en varios niveles, como una escalera. Llena el depósito y lleva algo para hacer un pícnic: no hay tiendas ni gasolineras en la zona.
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3. Borgarfjörður Eystri: el reino de los frailecillos
Si sueñas con ver frailecillos atlánticos, Borgarfjörður Eystri es el lugar ideal. En Hafnarhólmi hay un observatorio acondicionado que permite verlos a pocos metros sin molestarlos durante la época de anidamiento.
El pueblo, de apenas 100 habitantes, se hace de rogar: 70 kilómetros de curvas desde Egilsstaðir, por un alto puerto de montaña que ahora está asfaltado, aunque conviene conducir con prudencia. La leyenda cuenta que la reina de los elfos vive en la roca de Álfaborg, justo al lado. Quienes quieran caminar pueden acercarse a Stórurð y a sus pozas de agua turquesa.
Para ver frailecillos, viaja entre mediados de abril y mediados de agosto. Después, vuelven al mar. Y guarda un hueco para el Álfacafé y sus tartas caseras.
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4. Fáskrúðsfjörður: el fiordo con aires franceses
Este fiordo habla francés, o casi. En Fáskrúðsfjörður, en la costa este, los pescadores bretones y normandos venían a pescar bacalao desde finales del siglo XIX. Dejaron allí un hospital, un cementerio y, todavía hoy, hay carteles de calle bilingües en francés e islandés.
Un museo, instalado en el antiguo hospital de los marineros, cuenta esta historia poco conocida. La carretera 1 no recorre todos los fiordos del este: a menudo, los más bonitos requieren un desvío. Por el camino, atraviesas otros puertos que conservan su autenticidad, como Eskifjörður o Stöðvarfjörður.
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5. Berufjörður: Djúpivogur, el pueblo que se toma su tiempo
Al final de los fiordos del este, donde la costa se dirige hacia los glaciares del sureste, Berufjörður acoge Djúpivogur, el único pueblo de Islandia con el sello “Cittaslow”. Aquí todo invita a bajar el ritmo: 400 habitantes, un viejo puerto, casas de madera y una filosofía, vivir despacio.
Junto al agua, la obra Eggin í Gleðivík alinea 34 huevos de granito, uno por cada especie de ave que anida en la zona. Sobre el pueblo vigila el Búlandstindur, una montaña piramidal de 1.069 metros, a veces apodada el “Fuji islandés”. En verano, un barco lleva a la isla de Papey y a sus colonias de frailecillos.
Siéntate a tomar un café y una tarta casera en Langabúð, la casa más antigua del pueblo (1790), y deja que la tarde pase sin prisa. Más hacia la costa sur, la carretera llega a Höfn y al Hornafjörður, el último fiordo antes del Vatnajökull y la laguna glaciar de Jökulsárlón.
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6. Ísafjörður: ruta por el corazón de los fiordos del oeste
Pon rumbo al oeste, a los Vestfirðir, la región más salvaje y menos poblada del país. Ísafjörður es su capital. Situada sobre una lengua de arena junto al Ísafjarðardjúp, el fiordo más grande de la zona, es una base ideal para explorar los alrededores, con sus cafés, casas antiguas y festivales de música.
Desde allí, puedes tomar un barco hasta la isla de Vigur, dos kilómetros de verdor donde anidan frailecillos, charranes árticos y éideres. También merece la pena acercarse a los pueblos apartados de Suðureyri o Flateyri, donde la acogida lo cambia todo. Además, es el punto de partida hacia Hornstrandir, una reserva salvaje sin carreteras, accesible solo en barco.
Conviene saberlo: aquí pasas de un fiordo a otro por túneles excavados en la montaña, y buena parte de la red secundaria sigue siendo de grava. No se cruzan los Vestfirðir en un día. Lo mejor es prever un roadtrip por Islandia y tomárselo con calma.
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7. Arnarfjörður: Dynjandi, una cascada en los fiordos del oeste
A unos fiordos de distancia, Arnarfjörður, el “fiordo del águila”, esconde la cascada más bonita de los fiordos del oeste: Dynjandi. Auténtica escultura al aire libre, esta caída de agua de 100 metros se ensancha al bajar por la montaña como un velo que se despliega. En realidad son siete cascadas, de las que Dynjandi es la última y la más alta.
Se llega por la carretera 60 y después por un sendero de 15 minutos que pasa junto a las seis cascadas inferiores antes del gran final. Lleva calzado con buen agarre: el terreno resbala. Como en todo el oeste, lo mejor es ir a primera hora de la mañana o al atardecer, lejos de la afluencia de los grandes lugares del sur.
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8. Patreksfjörður: el pecio y los acantilados de aves
En el sur de los fiordos del oeste, Patreksfjörður guarda dos grandes sorpresas. La primera es el pecio del Garðar BA 64, el barco de acero más antiguo de Islandia, construido en 1912 y varado en la orilla desde 1981. Oxidado, encajado entre el mar y la montaña, es una delicia para quienes disfrutan de la fotografía. Admíralo desde fuera: subirse es demasiado peligroso.
A pocos kilómetros, en el extremo oeste de los Vestfirðir, los acantilados de Látrabjarg figuran entre los mayores acantilados de aves de Europa. A lo largo de 14 kilómetros, acogen una de las colonias de frailecillos más fáciles de observar del país. De paso, haz un desvío por Rauðasandur, una larga playa de arena rojo anaranjado que no esperarías encontrar en Islandia.
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9. Breiðafjörður: la bahía de las mil islas y el monte Kirkjufell
Entre los fiordos del oeste y la península de Snæfellsnes, Breiðafjörður es un caso aparte. Su nombre significa “fiordo ancho”. Más que un valle encajado, es una gran bahía de aguas poco profundas, salpicada de cerca de 2.000 islas e islotes donde las aves abundan. Otra forma de vivir un fiordo.
Un ferry conecta Stykkishólmur con Brjánslækur: una manera preciosa de ahorrarte horas de carretera y cambiar el coche por la cubierta de un barco. Al sur, Snæfellsnes resume toda Islandia: campos de lava, playas negras, glaciar y el famoso monte Kirkjufell, muy fotografiado, que vigila el puerto de Grundarfjörður. Más cerca de Reikiavik que los Vestfirðir, es una buena puerta de entrada si tienes poco tiempo.
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10. Hvalfjörður: el “fiordo de las ballenas” cerca de Reikiavik
Hvalfjörður tiene un nombre precioso: el “fiordo de las ballenas”. La leyenda cuenta que los primeros colonos descubrieron allí un grupo de ballenas varadas. Hoy es un remanso de paz a menos de una hora de Reikiavik: la mayoría de los coches suben hacia el norte por un túnel que pasa bajo el fiordo, y la carretera que lo rodea se ha quedado casi desierta.
Desde aquí parte la ruta de senderismo hacia Glymur, una de las cascadas más altas de Islandia, que cae en un cañón cubierto de musgo. Calcula media jornada de caminata, con algunos vados que cruzar.
No es el fiordo más espectacular, pero sí uno de los más accesibles y una primera inmersión excelente en este tipo de paisajes. Y si de verdad quieres ver ballenas, es mejor ir desde más al norte, desde las ciudades de Akureyri o Húsavík.
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11. Eyjafjörður: Akureyri y el norte, mágicos en invierno
Rumbo al norte y al fiordo más largo del país: Eyjafjörður, 60 kilómetros de aguas tranquilas hasta Akureyri, la segunda ciudad de Islandia. Protegida por las montañas, la “capital del norte” disfruta de un clima agradable, con veranos que a veces superan los 20 grados.
Sus aguas ricas en vida marina lo convierten en uno de los mejores lugares del país para observar ballenas jorobadas en Islandia y rorcuales aliblancos, sobre todo en verano. Pero también es un fiordo para vivir en invierno: sigue siendo accesible cuando el oeste y el este quedan bloqueados por la nieve.
Akureyri se convierte entonces en una base perfecta para esquiar en Hlíðarfjall, salir en busca de auroras boreales y relajarse en el Forest Lagoon, un baño geotérmico en pleno bosque frente al fiordo. La cascada de Goðafoss está a menos de una hora, y el lago Mývatn un poco más lejos. Cuando llega el verano, el sol de medianoche toma el relevo y alarga los días hasta casi no tener fin.
De las casas rojas del este a los acantilados con frailecillos del oeste, cada fiordo tiene su forma de contar Islandia. El secreto está en no querer verlo todo: mejor elegir una región y dedicarle tiempo. Y como las estaciones y el estado de las carreteras cambian rápido, hablar con una agencia local en destino sigue siendo la mejor forma de decidir, o ajustar, en qué fiordos hacer parada durante un circuito por Islandia.
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Pero, en realidad, ¿qué es un fiordo y dónde se encuentran en Islandia?
Un fiordo es un brazo de mar largo y estrecho, excavado por un glaciar e invadido después por el océano. En Islandia se distinguen enseguida en el mapa: forman tres grandes conjuntos, los fiordos del oeste (Vestfirðir, al noroeste), los fiordos del este y el norte, alrededor de Akureyri. El Círculo Dorado no tiene fiordos, ni tampoco el sur de Islandia.
Visitar uno es contemplar un paisaje completo: la lámina de agua y sus dos laderas, pero también el pueblo que lo bordea y el modo de vida que lo acompaña, marcado por la pesca, el tiempo y las estaciones. ¡Perfecto para instalarte unos días!
¿Cuál es la diferencia entre los fiordos del este y del oeste en Islandia?
Los fiordos del este ofrecen un ambiente más suave y verde, con pueblos coloridos encajados al fondo de los fiordos y una fauna variada fácil de observar. Los fiordos del oeste, o Westfjords, tienen un carácter mucho más salvaje y dramático: acantilados abruptos, una península muy recortada y una densidad turística casi nula. El este seduce por su accesibilidad; el oeste, por esa sensación absoluta de estar en el fin del mundo.
¿Cuál es la mejor época para visitar los fiordos islandeses?
La mejor época para verlos durante un viaje a Islandia va de junio a septiembre, cuando todas las carreteras están abiertas y las actividades al aire libre son accesibles. También es la temporada perfecta para disfrutar de las fuentes termales al aire libre y de las largas horas de luz.
En invierno, muchas pistas cierran y el oeste se vuelve mucho más difícil de recorrer: carreteras cortadas, trayectos más largos. Solo el norte, alrededor de Akureyri, sigue siendo fácil de alcanzar.
¿Cómo explorar los fiordos en Islandia?
El viaje en coche sigue siendo la forma más natural de explorar los fiordos islandeses, porque te permite parar en cada curva, bordear un profundo fiordo glaciar al atardecer o adentrarte en valles aislados sin depender de horarios. La carretera 1 abre la puerta a los fiordos del este, mientras que los Westfjords requieren un coche 4x4 para sus pistas sin asfaltar.
El ferry que conecta Stykkishólmur con Brjánslækur cruza el Breiðafjörður y es una alternativa original a la carretera, con paisajes verdes desde la cubierta. Algunas travesías también unen los fiordos de Noruega e Islandia. Pero, para cuidar estas costas frágiles, conviene priorizar las pequeñas salidas en barco o velero, más respetuosas y a escala humana, antes que los grandes cruceros.
El kayak de mar ofrece el punto de vista más íntimo de un fiordo. Deslizarte en silencio sobre el agua te permite acercarte a las paredes abruptas y descubrir rincones inaccesibles por carretera, como cuevas marinas o playas secretas. También es una oportunidad única para observar la fauna local sin alterarla: no es raro cruzarse con focas descansando sobre las rocas, frailecillos atlánticos zambulléndose a pocos metros e incluso ver, a lo lejos, el soplo de una ballena jorobada.
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Algunos consejos prácticos para visitar los fiordos en Islandia
Sobre el terreno, ten tres cosas en cuenta: muchas carreteras secundarias de los Vestfirðir siguen siendo de grava, algunas pistas, como la de Mjóifjörður, pueden permanecer cerradas hasta bien entrada la primavera según la nieve acumulada, y el tiempo cambia en un abrir y cerrar de ojos. Para hacer un viaje a Islandia en el que visitar estas regiones con tranquilidad durante un roadtrip o una ruta de senderismo, no dudes en contactar con un agente local.
Preguntas frecuentes antes de viajar a los fiordos islandeses
¿Qué fiordo del oeste o este ver en un viaje por carretera en Islandia?
Para una primera vez haciendo un roadtrip por Islandia, te recomendamos Seyðisfjörður y su iglesia azul en el este, Arnarfjörður y su cascada Dynjandi en el oeste, y Hvalfjörður cerca de Reikiavik. Si buscas calma, seguramente prefieras Mjóifjörður, Borgarfjörður Eystri o Berufjörður, más discretos.
¿Cuántos fiordos tiene Islandia?
Islandia cuenta con más de 100 fiordos repartidos a lo largo de sus costas, aunque no todos tienen el mismo tamaño ni la misma accesibilidad. La mayoría se concentra en tres grandes zonas: los Vestfirðir al noroeste, los fiordos del este y el norte alrededor de Eyjafjörður.
Con más de 6.000 kilómetros de costa en total, Islandia es uno de los países con mayor densidad de fiordos del mundo, solo comparable a Noruega o Groenlandia.
¿Cuáles son los mejores fiordos de Islandia?
Depende de tus gustos. Seyðisfjörður suele aparecer entre los fiordos más bonitos de Islandia, por su pueblo de artistas y su carretera de acceso. En el oeste, Arnarfjörður y su cascada Dynjandi son maravillas naturales que también tienen muchos visitantes cada año. Aunque, a menudo, el más bonito es aquel en el que decides parar sin mirar el reloj.
¿Se pueden visitar los fiordos de Islandia en invierno?
Sí, puedes hacer un recorrido por los fiordos islandeses en invierno, pero hay menos opciones. En el oeste y el este, muchas carreteras de montaña cierran por la nieve. El norte, alrededor de Akureyri y Eyjafjörður, sigue siendo la zona más segura: carreteras despejadas, auroras boreales y esquí. No dudes en recurrir a un agente local para organizar mejor tu viaje.


























































