Imprescindibles y rincones secretos: ¿qué ver y qué hacer en Ubon Ratchathani?
1. Explorar el parque nacional de Pha Taem al amanecer
En los confines de Tailandia y Laos, los acantilados del parque de Pha Taem se tiñen de fuego al amanecer. Aquí te espera una de las panorámicas más bonitas de Ubon Ratchathani. Imagina el Mekong aún envuelto en bruma, los primeros rayos abriéndose paso y, ante tus ojos, pinturas rupestres de 3.000 años colgadas de las paredes de roca. Allí arriba, el silencio solo lo rompen el viento entre los árboles y el crujido del suelo bajo tus pasos.
2. Pasear por el centro y sus templos centenarios
Ubon Ratchathani es también una ciudad donde el patrimonio se respira en cada rincón. El Wat Thung Si Muang, uno de sus templos más emblemáticos, guarda un tesoro poco conocido: una biblioteca de madera suspendida sobre un pequeño estanque. Bajo la luz dorada de la tarde, las esculturas se llenan de sombras y relieves. Lejos de las multitudes, puedes sentarte en un banco, ver pasar a los monjes y escuchar el suave tintineo de las campanillas movidas por el viento.
3. Admirar el trabajo de la madera en Wat Nong Pah Pong
Fundado por uno de los grandes maestros del budismo del bosque, el venerado monje Ajahn Chah, este monasterio desprende serenidad. Su arquitectura en madera de teca y sus salas de meditación abiertas a la selva lo convierten en un lugar tranquilo, perfecto para el recogimiento. No vienes aquí para tachar una visita de la lista, sino para sentir el lugar. Al caminar descalzo por los senderos cubiertos de musgo, escuchas el canto de los pájaros y bajas el ritmo. Puede que incluso te sorprendas deteniéndote. Justo ahí. Y respirando.
4. Descubrir las velas gigantes del festival Khao Phansa
Cada verano, durante la temporada de lluvias, Ubon se llena de desfiles y cera con motivo del Festival de la Vela. Los artistas locales esculpen velas monumentales, auténticas obras de arte que se exponen por toda la ciudad. Incluso fuera de temporada, algunas se conservan y pueden verse, especialmente en el parque Thung Si Mueang. Un paseo por este parque te permite acercarte a estas esculturas de color ámbar y apreciar el cuidado de cada detalle: dragones, escenas budistas, lotos gigantes... La cera se convierte en poesía.
5. Probar los sabores del mercado nocturno Rachabut
Si te gusta probar lo que se cocina en las callejuelas de los pueblos, pon rumbo al mercado Rachabut al caer la tarde. Brochetas de pollo a la parrilla, ensaladas de papaya picantes, helados de coco... Aquí, el paladar baila entre los puestos. El ambiente es alegre, las risas van y vienen, y las motos esquivan mesas y comerciantes. No hay cartas interminables: solo un plato humeante y las ganas de alargar la mano para descubrir un sabor nuevo.
6. Navegar por el Mekong hasta las formaciones de Sam Phan Bok
A apenas unas horas en coche, adéntrate en un paisaje lunar conocido como el Gran Cañón tailandés. Sam Phan Bok y sus 3.000 pozas excavadas en la roca seca te harán sentir como si caminaras por otro planeta. ¿Lo ideal? Una excursión en barco al amanecer o al atardecer, preferiblemente entre enero y mayo, durante la estación seca, cuando las sombras se alargan sobre las ondulaciones doradas. El silencio del río, el cielo inmenso, los ecos bajo tus pies... Y, de repente, la sensación de ser muy pequeño, pero de estar completamente vivo.
7. Seguir la huella de la artesanía en el pueblo de Ban Pa-Ao
En Ban Pa-Ao, la vida avanza al ritmo del martilleo del cobre. Este pequeño pueblo de herreros, especializado en objetos de culto budista, mantiene viva una sabiduría ancestral. Observa cómo los artesanos dan forma al Bat, el cuenco de limosnas, así como a campanas o bandejas, con una precisión fascinante. El trato es cercano, las sonrisas sinceras, y bastan unas palabras para que un artesano te enseñe su taller. Una inmersión en el alma de Ubon, lejos de los escaparates más concurridos.
8. Contemplar la magia del Wat Sirindhorn Wararam
Cuando el sol desaparece tras la montaña, los motivos fosforescentes del Wat Sirindhorn Wararam empiezan a aparecer suavemente. El suelo frente al templo, las hojas y las filigranas se iluminan en verde, como un dibujo secreto que solo se revela al anochecer. Inspirado en el célebre templo de Luang Prabang, este lugar sorprendente combina espiritualidad y arte luminoso. Un momento suspendido entre fantasía contemporánea y recogimiento espiritual, ideal para cerrar con belleza un día lleno de emociones.
9. Tomarte un café en un antiguo edificio colonial
Entre las muchas casas antiguas de Ubon, algunas se han transformado en cafés llenos de encanto. En el interior de un edificio con baldosas vintage y altos techos de madera, el aroma de los granos recién tostados te envuelve, con música jazz de fondo y grandes ventanales abiertos a la calle animada. Es el lugar perfecto para hacer una pausa, escribir una postal o, simplemente, disfrutar del momento.
10. Participar en una sesión de meditación guiada
Ubon Ratchathani es una tierra espiritual, y varios templos abren regularmente sus puertas a quienes sienten curiosidad por descubrir la meditación budista. En Wat Pah Nanachat, un monasterio forestal fundado para personas “no tailandesas”, suelen ofrecerse sesiones gratuitas en inglés. Rodeado de vegetación y de una calma profunda, este lugar invita a un viaje interior, quizá el más transformador de todos.
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Ubon Ratchathani es la Tailandia que va a contracorriente. La de los ríos tranquilos, las tradiciones aún vivas y los encuentros auténticos. Gracias a la experiencia de nuestros agentes locales, descubrirás esta provincia como pocos viajeros lo hacen: cerca de sus habitantes, entre el silencio de los templos y las voces animadas de los mercados nocturnos.
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