En Vietnam, el turismo comunitario está marcando la diferencia al proteger tradiciones ancestrales, fomentar la educación y crear oportunidades para la juventud rural. Estas iniciativas locales demuestran cómo viajar puede ser una herramienta decisiva para el desarrollo social y la preservación cultural.
Oodles of Noodles, en Hoi An, es una experiencia culinaria dirigida por STREETS International, una organización que capacita a jóvenes en situación de vulnerabilidad para que se desarrollen profesionalmente en los sectores de la hostelería y el turismo. Aquí, los viajeros aprenden a preparar los tradicionales fideos “Mi Quang” junto a los aprendices del programa. Una forma deliciosa de apoyar la formación profesional y el acceso al empleo.
En el norte del país, el Zo Project se esfuerza por preservar el papel tradicional “Dó” hecho a mano, una técnica que tiene más de 800 años de historia. En su taller ecológico, los visitantes pueden fabricar su propio papel y aprender sobre la herencia cultural vietnamita, apoyando así a las aldeas rurales que mantienen viva esta tradición artesanal.
Y en el pueblo ancestral de Duong Lam, Doai Tours ofrece recorridos culturales únicos. Desde espectáculos de teatro de sombras hasta comidas tradicionales en casas antiguas, los viajeros se sumergen en la historia y la arquitectura del lugar. Además, las actividades prácticas como pintar azulejos o hacer dulces tradicionales permiten a los jóvenes del pueblo poner en valor su tradición al tiempo que encuentran empleo en su hogar y se evitan así la emigración.
Estas experiencias no solo enriquecen a quienes las viven como viajeros, sino que también fortalecen comunidades locales que eligen el turismo comunitario como vía para conservar su identidad y mirar hacia el futuro.