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Apollo Bay

Informaciones prácticas sobre Apollo Bay

  • Romántico
  • Playa / Estación Balnearia
  • Puerto
  • Deporte náutico
4 / 5 - 2 opiniones
Cómo ir
A 200 kilómetros de Melbourne, en coche
Cuándo viajar
Durante todo el año, aunque lo ideal es en verano
Duración mínima
Unas horas

Opiniones de viajeros sobre Apollo Bay

Timothée D. Gran viajero
697 opiniones en total

Pequeña localidad balneario de la Gran Ruta Oceánica, Bahía de Apolo ​​puede suponer una agradable parada en esta excepcional ruta costera. 

Aconsejo:
Si vas en invierno o primavera, puede que tengas la oportunidad de ver a las ballenas francas australes que se refugian en la bahía.
Mi opinión

La Gran Ruta Oceánica, que se extiende al oeste de Melbourne, es, sin duda, una de las mejores rutas turísticos del mundo, con paisajes impresionantes y magníficas vistas sobre el océano Pacífico, paraíso de los surfistas. En mi opinión, es uno de los recorridos imprescindibles de toda estancia en Australia.

Pequeño puerto marítimo situado en la bahía del mismo nombre, me encontré con que Bahía de Apolo no tiene nada de extraordinario que ofrecer al visitante: algunas calles comerciales, cafés, dos o tres buenos restaurantes... Pero la localidad representó para mí la bienvenida a la costa australiana.

Además, Bahía de Apolo es uno de los lugares más cercanos al sitio de los Doce Apóstoles (Twelve Apostles), una visita imprescindible durante un viaje por carretera en la Gran Ruta Oceánica. Se trata de una erosión de las rocas que dejó nueve ( ¡y no doce!) agujas de piedra caliza a merced del mar. 

Lisa Gaillard Gran viajero
101 opiniones en total

Apollo Bay se sitúa sobre la Great Ocean Road. Es un pequeño puerto de pesca tranquilo, y menos popular que Lorne. Un lugar sosegado, rodeado de pequeñas montañas y el mar, pensado para los románticos, los deportistas y los amantes de la naturaleza.

Aconsejo:
Para los que buscan sensaciones fuertes, id a surfear en las olas de Apollo Bay que bordean toda la costa. Para los menos aventureros, ataos las zapatillas y emprended la caminta hacia el Great Ocean Walk, en dirección a Shelly Beach.
Mi opinión

Si estás buscando un alojamiento en Apollo Bay, te recomendaría el Surfside Backpacker. Yo, que no soy un gran aficionado a los albergues juveniles, sobre todo después de ver los impersonales que hay en Sydney, me encantó este lugar. Un gran jardín con vistas al mar, hamacas y una pequeña casa blanca. El dueño era muy agradable. La decoración interior es muy acogedora, directamente salida de los años 70: discos de vinilo en el salón, un gran sofá de color amarillo y una cocina que me recordaba a la de mi abuela. Todo está diseñado para hacerte sentir en casa.

Me gustó la paz que se respira en el Appollo Bay, tras haberme cruzado con los ejércitos de turistas en Lorne. Es una ciudad muy tranquila; se encuentran estatuas y bancos, maderas originales en el jardincito, frente al mar. Pero el mayor interés de esta ciudad radica en lo que se observa alrededor. De hecho, es el punto de partida para descubrir el Parque Nacional de Great Otway: cascadas, naturaleza exuberante y fauna salvaje.

Para quienes les gustan las camintas, os aconsejo hacer la que hice en el Great Ocean Walk (a no ser que llueva, pues el camino se torna fangoso y poco practicable). Hay 4 km 400 m para llegar hasta Shelly Beach. El comienzo del paseo se encuentra en la salida de la ciudad, en dirección a Marengo. Pasarás frente a hermosas casas, y después, por los campos de ovejas para subir a continuación por las colinas a lo largo de la costa. En el camino me crucé con un Ekidna, una especie de erizo muy tímido, unos cuantos wallabies y una serpiente, afortunadamente muerta. Los paisajes valen la pena. 

La fauna salvaje se encuentra muy presente en el entorno. Por la carretera de cabo Otway y entre Apollo Bay y Lorne, los carteles te avisan para que tengas cuidado con los koalas. Por la ventana del coche intenté en vano ver algunos en los eucaliptos. Después, en medio del parque nacional, me fijén en cinco coches parados al borde de la carretera. Por curiosidad me paré también. Al principio escuché unos ruidos que me recordaron a los que hacían los cerdos. Así que me puse a buscar una granja, sin pensar en mirar hacia lo alto. Y, mientras observaba a los demás, miré hacia arriba encontrando el origen de los gruñidos: decenas de koalas, entre los que había algunas madres con sus bebés, que estaban comiendo. Fue uno de los mejores momentos de mi viaje por Australia, ahora que comenzaba a desesperar por verlos en libertad.

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