1. Subir las dunas de colores de Carlo Sand Blow
Sentarte en la cima de Carlo Sand Blow es contemplar un paisaje irreal: un desierto de arena rubia que parece suspendido entre el océano y el bosque. Este asombroso paraje natural, formado por los vientos costeros, se extiende sobre quince hectáreas sobre Rainbow Beach. Se accede con una caminata de pocos minutos desde Cooloola Drive, y el esfuerzo reporta una recompensa rápida. Aquí, los colores varían entre el dorado y el ocre, jugando con la luz a lo largo del día. ¿Cuándo ir? Al atardecer, cuando el horizonte se tiñe de rosa y naranja.
2. Recorrer la playa hasta los acantilados arcoíris
Estos acantilados son el origen del nombre de Rainbow Beach. Moldeados por el viento y las mareas, muestran una paleta de arenas que va del marfil al rojo intenso, pasando por amarillos y marrones brillantes. Para disfrutarlos al máximo, camina por la playa con la marea baja hacia Double Island Point. El contraste entre la espuma blanca y estas capas minerales es impactante. Tómate un instante para observar bien los detalles: cada estrato cuenta una era geológica. Un paseo donde los colores hablan en silencio.
3. Hacer kayak con los delfines de Tin Can Bay
A menos de media hora en coche al oeste de Rainbow Beach, Tin Can Bay es el refugio de un pequeño grupo de delfines mulares. Cada mañana, nadan cerca del muelle. Pero para vivir una experiencia más íntima y respetuosa, elige una salida en kayak al amanecer. Lejos de las multitudes, te deslizas sobre aguas tranquilas, guiado por el soplo de los cetáceos. Algunos días, estas criaturas se acercan curiosas a pocos metros de la embarcación. Silencio y fascinación asegurados.
4. Llegar a la isla Fraser, el tesoro natural justo enfrente
Desde Rainbow Beach, la isla Fraser (K’gari, su nombre aborigen) está a un corto viaje en ferry. Declarada patrimonio mundial por la Unesco, esta isla única en el mundo está formada completamente por arena, pero cubierta de bosques, lagos cristalinos y dunas móviles. Un día en K’gari significa conducir por la playa hasta el naufragio del Maheno, sumergirte en las aguas turquesas del lago McKenzie o caminar en silencio por el bosque lluvioso de Central Station. Acompañado por un guía local, también descubrirás los relatos y saberes milenarios del pueblo Butchulla. Un viaje dentro del viaje.
5. Hacer senderismo por los bosques de eucaliptos del parque nacional Great Sandy
Aunque las playas sean espectaculares, el interior también merece mucho la pena. El parque nacional Great Sandy, que rodea Rainbow Beach, alberga una gran variedad de ecosistemas: bosques de eucaliptos, zonas pantanosas y playas secretas donde anidan tortugas. La ruta hacia el lago Poona es una de las más accesibles y gratificantes: cuatro kilómetros de ida y vuelta entre la frondosidad, para llegar a un lago increíblemente claro, con una arena finísima asombrosa. Perfecto para un baño fresco y tranquilo. Durante el camino, mantén los ojos abiertos: los martines pescadores y los walabíes adoran estos senderos.
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