1. Relajarte en las playas con las arenas más blancas del mundo
En Hyams Beach, el impacto visual es inmediato. Un mar turquesa casi irreal, una arena blanca y brillante, tan fina como la harina. No puedes evitar quitarte los zapatos y hundir los pies en ella. El suave murmullo de las olas, el calor del sol en la piel, la tranquilidad que te envuelve: aquí, el tiempo parece detenerse.
Alrededor de esta playa emblemática, se esconden otras joyas, como Greenfield Beach o Murrays Beach. Más tranquilas, son perfectas para un pícnic bajo la sombra de los eucaliptos, lejos del bullicio. Ideal para captar la esencia de Jervis Bay: salvaje, apacible y luminosa.
2. Observar de cerca a los delfines y ballenas
Jervis Bay es una auténtica autopista marina para los cetáceos. Durante todo el año, los delfines residentes bailan en la bahía. Entre mayo y noviembre, las ballenas jorobadas hacen su gran recorrido, a veces acompañadas de sus crías. Un espectáculo único y poderoso que puedes vivir a bordo de un barco ecológico con un guía local apasionado.
Ver a una ballena brotar fuera del agua a pocos metros o escuchar el soplo de los delfines... son momentos que se quedan grabados por mucho tiempo en la memoria. Las excursiones salen desde Huskisson, un encantador puerto colorido. Para los más aventureros, el kayak de mar o el paddle permiten encuentros más discretos pero igual de mágicos.
3. Explorar el parque nacional de Booderee
Este parque botánico y marino, gestionado junto con la comunidad aborigen Wreck Bay, es una joya de biodiversidad y espiritualidad. Bosques de eucaliptos, calas secretas, acantilados abruptos y jardines botánicos sorprendentes: cada rincón del parque nacional de Booderee cuenta una historia. En lengua Dharawal, Booderee significa "bahía de la abundancia": fauna, flora y cultura.
A pie, por numerosos senderos bien señalizados llegas a vistas espectaculares o playas desiertas, como Steamers Beach. La alternativa es unirte a una visita guiada cultural para escuchar los relatos ancestrales del pueblo aborigen local, entre leyendas y usos de plantas medicinales.
4. Hacer senderismo por los caminos junto al mar
Los paisajes de Jervis Bay también se disfrutan caminando. La ruta White Sands Walk es una corta caminata (una vuelta de 2,5 kilómetros) ideal para sumergirte rápidamente en la costa. El sendero serpentea entre vegetación costera y playas de postal, ofreciendo de vez en cuando miradores espectaculares sobre el océano. En algunas zonas, la vegetación perfuma el aire con esencias de árbol de té y acacia.
Para los senderistas más experimentados, la ampliación con el Scribbly Gum Track añade un circuito forestal con avistamiento de aves. Todo es accesible para familias y merece la pena recorrerlo al amanecer o al atardecer, cuando la luz dorada convierte el paisaje en una pintura viva.
5. Practicar snorkeling en una reserva marina excepcional
Zambullirte con la máscara en el agua de Jervis Bay es como abrir una ventana a otro mundo. En la zona protegida alrededor de Murrays Beach o Scottish Rocks, la fauna marina es impresionante. Peces loro, mantarrayas, caballitos de mar camuflados, calamares: todo un universo se mueve bajo la superficie, a pocos metros de la orilla.
El parque marino de Jervis Bay es famoso por la claridad de sus aguas y la variedad de hábitats. No hace falta ser un buceador experto; solo necesitas un tubo y unas aletas. Las agencias locales también organizan salidas guiadas para aprender más sobre las especies y las iniciativas de protección que hay en marcha en el lugar.
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