Situada entre el océano Atlántico y las lenguas glaciares del Vatnajökull, Höfn ofrece un pedacito de Islandia a escala humana. Este pequeño puerto pesquero, famoso por sus mariscos, combina panoramas imponentes y cultura local con la sinceridad y la calma típicas de los pueblos del sureste. Aquí, disfruta del tiempo que pasa despacio, al ritmo de las luces cambiantes y el susurro del viento que viene del gran glaciar cercano. Aquí tienes son nueve experiencias para descubrir Höfn como un habitante más.
1. Probar langosta en el puerto
En Höfn, la langosta y la cigala no son solo un plato, son un orgullo local. Recién pescadas en las aguas cercanas, las podrás degustar en alguno de los restaurantes que bordean el puerto. El aroma marino se mezcla con el olor de la madera calentada mientras los pescadores recogen sus redes bajo el cielo rosado del atardecer. Imprescindible: cenar en el restaurante Pakkhús, ubicado en un antiguo almacén, para probar la cocina islandesa tan sencilla como sabrosa.
2. Explorar el glaciar Vatnajökull
El gigante de hielo vigila Höfn desde sus crestas brillantes. Con un guía local, podrás acercarte a las lenguas glaciares de Skálafellsjökull o Heinabergsjökull, a solo unos kilómetros del pueblo. Equipado con crampones, subirás sobre relieves de hielo azulados, esculpidos por el viento y el tiempo. El silencio es absoluto, roto únicamente por el crujido sordo del glaciar. Una aventura casi lunar, fuera del tiempo.
3. Pasear por la playa de arena negra de Vestrahorn
Al amanecer o al atardecer, este antiguo volcán se convierte en un cuadro vivo. A menos de 20 minutos en coche de Höfn, las afiladas montañas de Vestrahorn se reflejan en lagunas tranquilas donde a veces beben caballos islandeses. Caminando sobre la arena negra y fina, verás dunas cubiertas de hierba y los restos de un poblado vikingo reconstruido. Es uno de los lugares más fotogénicos del país y también uno de los más meditativos.
4. Visitar el centro de visitantes Vatnajökulsþjóðgarðs
Para entender el hielo con ojos de niño y de explorador. Situado en el centro de interpretación del parque nacional, explica de forma lúdica e interactiva la formación y evolución de los glaciares islandeses. Películas, maquetas y mapas interactivos te sumergen en el fascinante mundo del Vatnajökull. También es un excelente punto de partida para planear excursiones guiadas alrededor de las lenguas glaciares.
5. Contemplar los reflejos en el agua
Contempla el cielo caer en el agua hasta el infinito y más allá. Desde el muelle de Höfn, la luz juega con las montañas lejanas y se refleja perfectamente en el agua tranquila. Cuando baja la marea, las aves marinas aparecen en busca de alimento. Al amanecer, toda la bahía se tiñe de rosa, como si el mundo ardiera en silencio. Para vivir un momento aún más mágico, recorre el pequeño sendero costero que bordea el fiordo al sur del pueblo.
6. Salir en kayak por las lagunas glaciares
Remar entre icebergs es posible aquí, lejos de las multitudes de Jökulsárlón. Con una agencia local, podrás hacer una excursión en kayak por la laguna de Heinabergslón. Los bloques de hielo flotan suavemente a tu alrededor. El agua es azul profundo, la montaña parece estar cerca y el silencio es sepulcral. Una forma tranquila, casi meditativa, de acercarte al hielo y sentir su respiración milenaria.
7. Pasear por el centro de Höfn
Aunque modesto, el casco antiguo de Höfn merece una visita pausada. Cafés acogedores, galerías de arte, casas coloridas... todo invita a ser explorado y disfrutado. Al doblar una esquina, encontrarás una exposición fotográfica sobre el glaciar, una tienda de diseño local o una pescadería donde charlar con vecinos. Haz una parada en Kaffi Hornid, un café restaurante que reúne a viajeros y gente local a casi cualquier hora del día.
8. Ver las auroras boreales en invierno
Cuando la noche cae temprano sobre Höfn, el cielo se ilumina. De septiembre a marzo, si las condiciones lo permiten, unos velos verdes o rosas empiezan a danzar despacio sobre el cielo del puerto y los glaciares. No hace falta alejarse mucho para disfrutarlas: un simple banco junto al fiordo o una corta caminata para alejarte de las luces urbanas es más que suficiente para contemplar este fenómeno celestial, con la cabeza echada hacia atrás y el corazón latiendo fuerte.
9. Participar en el festival de la langosta en verano
Un pueblo que celebra su mar como otros celebran la vendimia. Cada comienzo de julio, Höfn organiza un festival gastronómico y festivo dedicado a la langosta. Música en vivo, puestos de comida callejera local, concursos de cocina y un agradable ambiente familiar transforman el pueblo en un gran banquete. Una oportunidad perfecta para conocer a sus habitantes y probar el alma acogedora de Höfn al ritmo de guitarras y risas.
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