A 70 kilómetros al sur de Florencia, la ciudad de Siena se presenta como la gran rival histórica de Florencia. Más pequeña y menos bulliciosa, no deja de ser un lugar muy interesante. La plaza del Campo, por ejemplo, es una joya arquitectónica. Si pasas por allí en julio o agosto, quizá tengas la suerte de asistir al Palio, una impresionante carrera de caballos montados a pelo donde compiten jinetes que representan los diferentes barrios de la ciudad.
A 60 kilómetros aún más al sur, una parada en el pueblecito de Montepulciano te hará descubrir las magníficas mansiones de inspiración florentina y una de las plazas medievales más bellas de Italia. Al subir a la cima de la torre del Palazzo comunale, tendrás unas vistas impresionantes del pueblo y sus alrededores. Para los amantes del vino o de las piedras hermosas, Montalcino tiene algunos atractivos: un barrio histórico rodeado por murallas del siglo XIII y una fortaleza famosa por ser inexpugnable del siglo XIV. Los viñedos de los alrededores producen el famoso vino Brunello, para probar en la terraza de uno de los pequeños cafés del centro histórico.
Si decides recorrer la costa oeste de la Toscana, tómate el tiempo para detenerte en Livorno. La llaman la pequeña Venecia, ¿no es tentador? Allí hay numerosos vestigios romanos y etruscos, aunque la ciudad es sorprendentemente moderna. El barrio de la Venezia se recorre a pie o en barca, por las numerosas vías navegables que son el origen de su nombre.
Para cerrar o comenzar tu viaje en la Toscana, regálate un momento de relax absoluto en uno de los spas de la ciudad termal de Montecatini y sus innumerables fuentes, cada cual más hermosa que la anterior. Sobre los baños termales, el pueblo medieval es accesible en funicular que data de principios del siglo XX. Una vez arriba, disfruta de la vista y tómate el tiempo para descubrir el pueblo, antes de regalarte uno de esos famosos helados italianos que hacen vibrar las papilas de los más golosos.